Del 4 al 10 de octubre se celebra en todo el planeta la Semana Mundial del Espacio, una efeméride instaurada por la ONU en 1999 para recordar dos grandes hitos de la humanidad: el lanzamiento del Sputnik 1 (4 de octubre de 1957) y la firma del Tratado del Espacio Exterior (10 de octubre de 1967). En el marco de este aniversario, un balance sobre casi 70 años de viajes fuera de la Tierra arroja estadísticas fascinantes y muestra qué tan exclusivo sigue siendo el acceso al cosmos.
Hasta la fecha, un total de 746 personas pertenecientes a 52 países lograron cruzar la frontera y alcanzar la órbita terrestre. Sin embargo, a pesar de la gran diversidad de nacionalidades entre los tripulantes, el desarrollo tecnológico necesario para lanzarlos al espacio sigue estando concentrado en muy pocas manos.
El selecto club de los lanzamientos propios y la brecha de género
Solo tres naciones en la historia han logrado desarrollar naves y cohetes propios con capacidad autónoma para enviar seres humanos más allá de la atmósfera:
- Estados Unidos: encabeza el listado histórico con 369 personas enviadas al cosmos.
- Unión Soviética / Rusia: acumula un total de 138 cosmonautas.
- China: suma 29 taikonautas desde el inicio de su programa tripulado.
Los astronautas de los restantes 49 países han tenido que viajar obligatoriamente como pasajeros en las naves de estas potencias o contratando plazas en vuelos comerciales privados. La geografía de este club, no obstante, se expandirá pronto: India proyecta sumarse como la cuarta potencia con capacidad tripulada propia en 2027 gracias a su misión Gaganyaan.
En cuanto a la participación femenina, el balance refleja una brecha histórica aún marcada. Las mujeres representan cerca del 15% del total de viajeros espaciales (entre 75 y 105 participantes), un número que en los últimos años comenzó a empujarse al alza principalmente gracias a los vuelos comerciales suborbitales 🌌.
Curiosidad
Aunque la Línea de Kármán (fijada internacionalmente a los 100 kilómetros de altitud) es el límite conceptual más aceptado sobre dónde empieza el espacio, no todos los países se ponen de acuerdo. En Estados Unidos, tanto la NASA como la Fuerza Aérea y la FAA ubican esa frontera imaginaria un poco más abajo, exactamente a los 80,5 kilómetros (50 millas). Gracias a esa diferencia de criterio, los pilotos estadounidenses de los aviones cohete experimentales X-15 en la década de 1960 ganaron sus alas de astronauta oficialmente sin haber alcanzado jamás la cota de los 100 km.
