Un investigador de Anthropic renunció con un hilo en X que en apenas nueve horas superó los 44 millones de vistas, y lo que dijo su propio jefe de seguridad después convirtió una salida laboral en una alarma global.
💣 Jacob Coxon, británico de 27 años y matemático de formación, pasó tres años trabajando en preentrenamiento de modelos: primero en OpenAI —donde participó en GPT-4o— y desde julio en Anthropic. Duró apenas dos meses en su nuevo trabajo.

🗣️ “Ninguna de las dos empresas actúa con responsabilidad”, escribió al irse. “Corren derecho hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y apuestan con nuestras vidas”.
😳 Lo que hizo estallar el tema no fue el hilo, sino la respuesta: Evan Hubinger, que dirige un equipo de seguridad en Anthropic y sigue trabajando ahí, le contestó en público: “Jacob tiene razón. De verdad creemos que la IA podría matar a todos los humanos. Yo calculo más de 10% en la próxima década”.
📅 Coxon le dijo al Wall Street Journal que “a fines del año que viene las cosas ya podrían estar fuera de control”, y que sus ex colegas usan palabras como “crunchtime” (hora límite) y “endgame” (fase final) para describir hacia dónde van los modelos.
🏜️ Su frase más gráfica: “Es una locura que esto tenga que pasar en las MacBooks de unos ingenieros que viven en San Francisco, en vez de en un búnker en el desierto como donde hacían el Proyecto Manhattan”.

💰 El timing no es menor: Anthropic prepara una salida a bolsa que sería de las mayores de la historia, con una valuación buscada de USD 2 billones, y le viene vendiendo a los inversores justamente su reputación en desarrollo responsable.
🧐 El Dato Curioso: Coxon no es el primero en irse dando un portazo. En 2024 lo hizo Jan Leike, entonces jefe de alineación de OpenAI, diciendo que la cultura de seguridad había quedado “en el asiento trasero frente a los productos brillantes”. Y en febrero de este año renunció Mrinank Sharma, también de Anthropic. La lista de fugas empieza a parecerse a la de los físicos que abandonaron proyectos nucleares en los años 40 — con la diferencia de que esta vez todo pasa en Slack.
