John Landy tenía todo para romper otra marca histórica, pero en plena carrera frenó para socorrer a Ron Clarke. Perdió el récord, cedió 30 metros y aun así terminó primero.
La noticia
En marzo de 1956, durante el Campeonato Australiano de la Milla en el Parque Olímpico de Victoria, John Landy protagonizó una de esas escenas que hacen quedar chico cualquier podio. Era el dueño del récord mundial de la milla y llegaba como favorito absoluto.

La carrera venía con clima de hazaña. Había 22.000 espectadores esperando otro registro por debajo de los cuatro minutos, y Landy acumulaba tres carreras consecutivas en ese nivel. Pero en la tercera vuelta pasó lo inesperado.
El gesto que cambió todo
Ron Clarke, campeón junior australiano, cayó al suelo. Landy saltó para esquivarlo, pero sus clavos le rozaron el brazo. En vez de seguir, giró, volvió sobre sus pasos y se agachó para ver si estaba bien.
Ese gesto le costó caro: el pelotón se le fue 30 metros adelante y el récord mundial quedó fuera de alcance. Pero Landy volvió a correr. Alcanzó al grupo, remontó y cruzó primero con 4 minutos y 4,2 segundos.

Años después, una estatua recordó ese instante. Landy, sin embargo, nunca quiso venderlo como épica personal: dijo que había reaccionado por impulso.
curiosidad
Ese mismo año, John Landy ganó la medalla de bronce en los 1.500 metros de los Juegos Olímpicos de Melbourne.
