Tomás Escobar tenía 19 años, vivía en un cuarto universitario de 3 metros por 2 en Córdoba, no sabía programar sitios de alta demanda y no tenía un peso. De ese cuarto salió Cuevana, el sitio que cambió para siempre la manera en que Latinoamérica consumió series y que, según el propio Netflix, allanó el camino para que la plataforma eligiera la región como su primer mercado de expansión internacional.
💻 La historia arranca en 2008, en pleno boom de Lost y House como primeras series con arco narrativo de calidad. Escobar, autodidacta desde los 13 años, miraba los torrents y pensaba que todo ese contenido era un caos imposible: temporadas dispersas, subtítulos sueltos, sin orden. “Dije: esto podría ser más fácil”, cuenta. Armó una primera versión, la compartió con amigos y se olvidó. Tres meses después, ya tenía millones de usuarios en Córdoba, San Juan y provincias enteras del país. Sin haber invertido un solo peso en publicidad. “Fue 100% boca a boca.”
🧙 La magia técnica de Cuevana era una extensión del navegador que funcionaba como un telón: el usuario hacía click, veía una pantalla de espera, y atrás la extensión salía a buscar el contenido en múltiples fuentes de internet, lo ensamblaba y lo traía listo para ver. “Para la gente era mágico, era como si la peli estuviese ahí. Yo no hosteaba nada —era internet el que ya lo tenía, yo lo ordenaba.” Ese detalle legal fue clave: sus abogados le dijeron que, en el peor caso, arriesgaría probation. “Dije: no tengo propiedades, no tengo nada. ¿Qué tengo para perder? Y fui a fondo.”
📉 El crecimiento fue tan brutal que los servidores no aguantaban. Cuevana llegó a estar en el top 1.000 de sitios más visitados del mundo —más tráfico que todos los diarios nacionales juntos—, y los fines de semana se caía sistemáticamente. “Yo estaba en la previa con mis amigos, con el fernet en la mano, se caía Cuevana y me tenía que ir. Había un tucumano queriendo ver Titanic y yo tenía que estar en mi casa arreglando servidores.” La gente terminó aprendiendo a dejar los episodios precargados los domingos a la mañana para evitar el colapso nocturno. Mientras tanto, Escobar engordó 10 kilos y trabajaba 16 horas por día, solo.
🏛️ Lo que muy poca gente sabe es que Escobar pasó años intentando convencer a la industria audiovisual de que Cuevana no era el enemigo, sino la solución. “Mi argumento era: no combatas a la piratería, ofrece algo mejor. La gente quiere consumir así —dáselo legalmente y van a consumir más.” La industria no lo escuchó. “Yo era un pibe de 20 años y ellos eran grupos muy poderosos. No nos pusimos de acuerdo.” Cuando quedó claro que no había salida legal viable, cerró la plataforma a los 22 años —sin haber cobrado un solo peso, porque sus abogados le habían pedido que no pusiera publicidad como señal de buena voluntad. El legado, sin embargo, fue enorme: Netflix eligió Latinoamérica como primer mercado de expansión internacional precisamente porque ya había una sociedad entrenada para consumir ficción en streaming. Cuevana había hecho esa educación gratis.
🎬 Hoy, con 37 años, Escobar está creando Shorta —”la fusión de Netflix y TikTok”— una plataforma argentina de series verticales con episodios de uno a dos minutos pensados para el celular. Lleva cinco semanas online, ya es número uno en entretenimiento en el Play Store en Argentina, tiene más de 60 producciones originales en proceso y estrena dos series nuevas por semana. “Me encantaría pensar que el próximo Netflix sale de acá. ¿Por qué no?”
🧐 El Dato Curioso: El nombre “Cuevana” no tiene absolutamente nada que ver con cueva, como todo el mundo supone. Escobar buscaba un dominio .com libre que no significara nada, que sonara bien y que Google pudiera indexar fácilmente. Un día estaba en Google Maps buscando inspiración geográfica y, navegando por Centroamérica, se le cruzaron Cuba y La Habana. Fusionó las dos palabras y quedó Cuevana. Pura casualidad. Durante años, millones de personas que entraron a buscar pelis al sitio pensaron que el nombre era una referencia a estar escondido en una cueva viendo contenido pirata. No era así. Era Cuba más La Habana, nada más.
