Gleeden abre el debate sobre relaciones no monógamas en un nuevo formato digital

Durante años, muchas conversaciones sobre deseo, infidelidad, placer o relaciones no monógamas quedaron encerradas en el ámbito privado. No porque no existieran, sino porque socialmente era más cómodo no nombrarlas. Hoy, ese silencio empieza a romperse en plataformas digitales, podcasts y formatos de video que convierten la intimidad en tema de debate público.

El lanzamiento de Gleeden Confidencial, un nuevo ciclo conducido por la sexóloga Flavia Dos Santos, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿estamos aprendiendo a vincularnos con más libertad o simplemente estamos buscando nuevas formas de justificar viejos conflictos?

La propuesta reúne voces de distintas personalidades colombianas para hablar de deseo, cuerpo y modelos de relación. Pero el fenómeno va más allá de un programa o de una plataforma. Forma parte de una discusión más amplia sobre cómo cambió la idea de pareja en una época donde la exclusividad ya no es vista por todos como el único camino posible.

Para algunas personas, las relaciones no monógamas representan una forma más honesta de vivir el deseo: acuerdos explícitos, menos hipocresía y la posibilidad de aceptar que una pareja no siempre puede satisfacer todas las necesidades emocionales, sexuales o afectivas de alguien.

Pero para otras, el debate también tiene zonas grises. No todo lo que se presenta como libertad está libre de dolor, desigualdad o presión. Abrir una relación sin madurez emocional, sin acuerdos claros o por miedo a perder al otro puede terminar siendo menos una elección y más una forma sofisticada de aguantar lo que incomoda.

Ahí aparece el verdadero punto de discusión: no se trata solo de elegir entre monogamia o no monogamia, sino de preguntarse desde dónde se decide. ¿Desde el deseo propio? ¿Desde una conversación honesta? ¿Desde la moda? ¿Desde la culpa? ¿Desde la necesidad de parecer más moderno?

La tecnología también cambió el escenario. Las aplicaciones de citas, los podcasts y las redes sociales hicieron que temas antes considerados íntimos se vuelvan contenido. Eso puede ayudar a derribar tabúes, pero también corre el riesgo de convertir decisiones profundas en tendencias consumibles, listas para opinar, discutir y viralizar.

Hablar de nuevas formas de pareja puede ser sano si permite ampliar la conversación sobre límites, consentimiento y responsabilidad afectiva. Pero también puede ser problemático si se usa para romantizar vínculos donde una de las partes acepta condiciones que en realidad no desea.

El debate, entonces, no debería ser si una relación abierta es mejor o peor que una tradicional. La pregunta más importante es otra: ¿somos realmente libres para elegir cómo vincularnos o seguimos respondiendo a mandatos, solo que ahora con un lenguaje más moderno?