Un tercio de los abogados y contadores del mundo usa inteligencia artificial sin que sus firmas lo autoricen, sin que nadie lo registre, y sin que nadie pueda controlarlo. Y si algo sale mal, la responsabilidad recae completamente sobre ellos.
🤖 El dato surge de un informe de Thomson Reuters publicado esta semana, basado en una encuesta a 1.816 profesionales del derecho, los impuestos, la auditoría y el comercio internacional en 62 países. El 74% ya usa IA varias veces por semana, y el 44%, varias veces al día. El número que incomoda: el 34% admite recurrir a herramientas que su organización nunca aprobó.
🕵️ En inglés se llama shadow AI, o “IA en la sombra”: el abogado que abre un chatbot gratuito en otra pestaña y le pega el borrador de un contrato confidencial porque le ahorra una hora. No es sabotaje. Es gente que no piensa frenar porque su empresa todavía no decidió qué herramienta darle. Un chatbot de consumo guarda lo que uno escribe, lo procesa en servidores ajenos y no le rinde cuentas a nadie. Pegar ahí una cláusula confidencial o las cifras de una auditoría no es un atajo: es una filtración esperando ocurrir.
⚖️ El 47% de los encuestados reconoce que si un trabajo hecho con IA termina en error, la responsabilidad final es del profesional individual. Es coherente con la lógica del oficio: un abogado firma su escrito, un contador firma su balance. Pero esa cuenta solo cierra cuando el trabajo pasa por herramientas que la firma conoce y respalda.
💼 La raíz del problema es simple: el 41% de quienes usan IA en el trabajo no tiene acceso a una herramienta de nivel profesional. Saben exactamente qué necesitan —proteger datos confidenciales (96%), apoyarse en contenido verificable (94%), poder defender el razonamiento en caso de error (90%)— y la empresa no se los da. La firma dejó un hueco entre lo que pedía y lo que ofrecía, y los huecos no se quedan vacíos.
📉 El costo va más allá de lo legal. El 62% dice que el acceso a IA de calidad pesaría a la hora de aceptar un nuevo empleo, y casi uno de cada tres rechazaría una oferta que no la incluya. Las firmas que creen que su gran decisión sobre IA sigue pendiente se equivocan de tiempo verbal. La decisión ya se tomó. La tomaron sus empleados, uno por uno, en herramientas que la firma no eligió y no puede auditar.
🧐 El Dato Curioso: El fenómeno tiene antecedentes históricos. Cuando las empresas prohibían el uso de Gmail y Dropbox en horario laboral, entre 2008 y 2012, los empleados los usaban igual desde sus celulares personales. Los analistas llaman a esto “IT en la sombra”, y las firmas que lo ignoraron fueron las que más datos perdieron. La IA repite el patrón con consecuencias exponencialmente más grandes: hoy el “chatbot gratuito” puede procesar todo un legajo judicial en segundos
