Para toda una generación de fanáticos del cine, nombres como Mi pobre angelito, Duro de matar o Perros de la calle están grabados a fuego en la memoria emotiva. Lejos de responder a traducciones literales o a fríos diccionarios, la titulación de estos tanques cinematográficos en América Latina fue obra del instinto puro de un criollo: Luis Scalella, creador de la emblemática distribuidora Gativideo 📼.
En una charla con el periodista Federico Carestía para El Living de NewsDigitales, el propio Scalella rememoró junto a su socio Enrique Cerezo (hoy mandatario del Atlético de Madrid) cómo utilizaba el olfato comercial para rebautizar las producciones que llegaban desde Hollywood o con traducciones de España que no encajaban en la cultura local.
La cocina detrás de estas denominaciones inolvidables dejó anécdotas imperdibles:
- Mi pobre angelito (Home Alone): Ante la aburrida propuesta de “Solo en casa”, Scalella pensó en su propio hijo rubio, a quien su abuela definía cariñosamente como “mi pobre angelito” cada vez que hacía de las suyas. La ocurrencia le calzó perfecto al personaje de Macaulay Culkin 🎬.
- Duro de matar (Die Hard): Descartó de plano la opción española “La jungla de cristal” porque no reflejaba la trama. Al ver que al personaje de Bruce Willis “le tiraban con de todo y no se moría nunca”, decidió rebautizarla para marcar el espíritu invencible del protagonista.
- Perros de la calle (Reservoir Dogs): La obra de Quentin Tarantino no podía llamarse “Los perros de la cloaca” o del depósito porque arruinaba la taquilla. Buscó un término con “calle” y logró un título de culto.
- Papá por siempre (Mrs. Doubtfire): Para la comedia de Robin Williams prefirió distanciarse por completo del nombre de la protagonista y apelar a una fibra emotiva que terminó adoptando toda Hispanoamérica.
Aquella distribuidora nacida como Legal Video cambió su nombre a Gativideo por un encuadre tributario en San Luis. Aunque al propio dueño no le convencía del todo la marca, sus intros con tipografía al estilo Star Wars y la icónica música de Kenny G terminaron marcando a fuego la época dorada de los videoclubes.
Curiosidad El fenómeno de la traducción de títulos de películas en Argentina dejó perlas históricas. Una de las más extremas ocurrió con la película Airplane! (1980), que en España se llamó “Aterriza como puedas”, pero en Argentina y la región se bautizó comercialmente como ¿Y dónde está el piloto?. El éxito de este título fue tan arrasador en taquilla que, durante los años 80 y 90, las distribuidoras locales decidieron ponerle la fórmula “¿Y dónde está…?” a casi cualquier comedia absurda que distribuían, como ¿Y dónde está el policía? (The Naked Gun) o ¿Y dónde está el exorcista? (Repossessed), creando una franquicia inexistente en su idioma original.
