Que la mirada de un perro parece entenderlo todo no es una novedad para quien convive con uno, pero la ciencia finalmente logró probarlo a nivel neuronal. Un equipo de la Universidad de Viena obtuvo la primera evidencia directa de cómo el cerebro canino procesa e interpreta los gestos del rostro humano. 🐶
El hallazgo, publicado en la revista científica iScience, se logró tras analizar escáneres cerebrales de 12 perros domésticos mediante algoritmos de aprendizaje automático. Durante las pruebas, los animales observaron fotografías de personas desconocidas que expresaban distintas emociones, y las respuestas neurológicas resultaron contundentes:
- El efecto de la alegría: Ver rostros felices encendió de forma exclusiva la corteza temporal y el núcleo caudado, regiones vinculadas al procesamiento de recompensas y a las funciones cognitivas superiores. 🧠
- La huella de las emociones negativas: Las fotos con gestos de enojo, temor o tristeza no activaron los centros de recompensa, pero el análisis cerebral global mostró patrones bien diferenciados. El cerebro del perro reacciona de manera única ante el miedo en comparación con el enfado o la melancolía.
El lazo evolutivo en la mirada
La investigadora Laura Cuaya, autora principal del trabajo, destacó el impacto social de este descubrimiento: «Los perros han evolucionado con nosotros para comprender nuestras expresiones y cooperar con nosotros, y reconocer eso puede cambiar la forma en que nos comunicamos y los cuidamos». 📸
Un detalle clave remarcado por los autores es el origen de los participantes: los 12 ejemplares provenían de hogares familiares con un trato afectivo constante. Por eso, el equipo advirtió que aquellos animales criados fuera de entornos de contención podrían mostrar respuestas neuronales distintas ante los mismos estímulos.
De cara al futuro, el proyecto científico prevé explorar la integración del lenguaje corporal, las variaciones en el tono de la voz y las señales olfativas, además de comparar de forma directa el procesamiento neurológico entre ambas especies ante estímulos idénticos.
Curiosidad
A lo largo de miles de años de coevolución junto al ser humano, los perros desarrollaron un músculo facial que sus ancestros los lobos prácticamente no tienen: el levator anguli oculi medialis. Este pequeño músculo situado sobre la cuenca ocular les permite elevar la parte interna de las cejas para hacer la clásica mirada de “ojos de cachorro”, una adaptación evolutiva moldeada para gatillar una respuesta de protección y afecto en el cerebro humano.
