Las gafas inteligentes prometían ser un asistente personal más, pero se transformaron en una herramienta de vigilancia que ya generó denuncias de mujeres de distintos países por grabaciones que nunca autorizaron.
👓 El problema central es que estos dispositivos, como los de Meta, permiten grabar video y sacar fotos sin que nadie del entorno lo note, a diferencia de un celular, que necesita un gesto visible para activar la cámara.
😔 Varias mujeres relataron haber encontrado su propio rostro en videos subidos a redes después de interacciones cotidianas con desconocidos, incluso en casos donde pidieron expresamente no ser filmadas.

🌍 Una investigación sueca fue más allá y entrevistó a un trabajador de una subcontrata de Meta en Kenia, encargado de revisar el contenido que generan las gafas: según su testimonio, entre ese material “encuentran un patrón: todo tipo de imágenes sexuales”.
📊 El contexto no ayuda: un informe del Ministerio de Igualdad de España reveló que el 80% de las mujeres jóvenes de entre 16 y 24 años ya sufrió algún tipo de acoso en redes sociales.
⚖️ Encarni Iglesias Pereira, presidenta de la Asociación STOP Violencia de Género, contó el caso de una mujer perseguida y grabada por su expareja con estas gafas, sin que ella se diera cuenta hasta que amigos y familiares empezaron a recibir esas grabaciones.

💬 “Los daños psicológicos que esto te puede causar son inmensos”, advirtió Iglesias, que además apunta contra el vacío legal: “España es un país que se mueve por estadísticas […] las leyes que tenemos ahora son pocas, malas y ridículas”.
🧐 El Dato Curioso: a diferencia de lo que se podría suponer, la asimetría en este tipo de contenido es enorme: según la misma especialista, “para una imagen que ves de un hombre, ves doscientas de una mujer”, lo que confirma que la vigilancia no consentida golpea de forma mucho más intensa sobre las mujeres.
