Tecleá / para elegir un bloque🚫 Una resolución que cala hondo en el folclore del fútbol local: el Comité de Seguridad en el Fútbol prohibió de manera inmediata el uso de papelitos en todos los estadios de la Ciudad de Buenos Aires.
🔥 La drástica medida surge como respuesta a un principio de incendio registrado en las plateas del Monumental el pasado domingo, durante el recibimiento histórico que la hinchada de River Plate le brindó a su equipo en el Superclásico.
⚠️ Aunque el foco ígneo fue sofocado con rapidez, las autoridades consideraron que el incidente dejó en evidencia el riesgo de ignición que representa este material cuando se concentra en grandes cantidades ante una multitud.

🏟️ El texto oficial es tajante: “No se otorgarán autorizaciones, en lo sucesivo, para acciones de festejo que contemplen la utilización de los mencionados elementos”, sentenciando una costumbre que atravesó a generaciones de argentinos.
⚪🔴 El último gran despliegue fue una obra de ingeniería popular: la Subcomisión del Hincha de River trabajó tres semanas para cortar 52.000 kilos de papel, una logística que involucró a más de 85.000 personas lanzando las bolsas al unísono.
🧹 Para dimensionar la magnitud del festejo, el club tuvo que alquilar 50 sopladoras industriales para limpiar el césped y permitir que el partido comenzara, luego de que las cuatro tribunas quedaran literalmente tapadas de blanco y rojo.
🇦🇷 La prohibición archiva postales que son parte de nuestra identidad, desde la mítica final del Mundial 78 en el mismo escenario, hasta la consagración de la Libertadores 96, donde el papel picado fue el protagonista absoluto del aire porteño.
🧐 El Dato Curioso
¿Sabías que la tradición de los papelitos en Argentina tuvo un “enemigo” famoso en el Mundial 78? El relator de la dictadura, José María Muñoz, le pedía a la gente por radio que no tirara papeles para no “ensuciar” la imagen del país ante el mundo. Sin embargo, el personaje de historieta Clemente, creado por Caloi, alentaba a los hinchas a llevar “carozo y tiras de papel”, ganándole la pulseada cultural al relator y convirtiendo el gesto en un símbolo de rebeldía popular.
