Honoris Causa de la UNLP para los sobrevivientes de La Noche de los Lápices

En una jornada cargada de memoria, emoción y reparación histórica, el Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) fue escenario de un homenaje trascendental. A medio siglo de La Noche de los Lápices, la casa de altos estudios otorgó su máxima distinción académica, el Doctorado Honoris Causa, a los sobrevivientes Emilce Moler, Gustavo Calotti y Pablo Díaz, extendiendo también el reconocimiento a los estudiantes secundarios que continúan desaparecidos.

El acto, celebrado en el emblemático edificio de la presidencia universitaria, reconoció el compromiso inclaudicable de los homenajeadors en la búsqueda de memoria, verdad y justicia, así como su valioso aporte testimonial en los juicios de lesa humanidad.

🎗️ Los ejes de un homenaje imprescindible

  • Los galardonados presentes: Emilce Moler, Gustavo Calotti y Pablo Díaz recibieron sus diplomas ante un auditorio colmado.
  • Memoria viva: El reconocimiento abrazó simbólicamente la figura de Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio De Acha, Horacio Ungaro, Daniel Alberto Racero, Víctor Treviño y María Clara Ciocchini, víctimas del terrorismo de Estado que aún permanecen desaparecidas.
  • El valor de la educación: En sus discursos, los sobrevivientes enfatizaron el lazo indisoluble entre las luchas estudiantiles de los años 70 y la defensa irrestricta de la universidad pública, gratuita y transformadora.

La distinción ratifica la postura institucional de la UNLP de mantener vigentes los derechos humanos como pilar fundamental y promover el trasvasamiento generacional de la memoria colectiva entre los jóvenes ingresantes.

Curiosidad

El término Doctor Honoris Causa proviene del latín y significa “por causa de honor”. A diferencia de un doctorado académico tradicional, esta distinción no requiere la defensa de una tesis ni la cursada de un posgrado, sino que se le concede a personalidades destacadas que han realizado aportes extraordinarios a la sociedad, la cultura, la ciencia o los derechos humanos. Con esta entrega, los lápices que la dictadura buscó silenciar en 1976 pasaron formalmente a integrar el claustro de los máximos referentes académicos de la Universidad Nacional de La Plata.