Luto en la música rioplatense: falleció el uruguayo Rubén Rada tras pelear contra una neumonía

El último repique del tambor: nos dejó Rubén Rada, el gigante que puso a bailar a dos orillas 🥁💔

El Río de la Plata perdió a una de sus sonrisas más auténticas y a un talento sencillamente irrepetible. Este miércoles 26 de agosto, a los 83 años, falleció en su Uruguay natal el enorme Omar Rubén Rada Silva, conocido y querido por todos simplemente como “El Negro”. La triste noticia fue confirmada por su propia familia a través de un comunicado, tras dar pelea durante un mes contra un cuadro de neumonía y sus complicaciones.

Se va un artista todoterreno que hizo de la música una fiesta sin fronteras. Cruzó el charco una y mil veces, vivió 12 años en Buenos Aires —donde nacieron sus tres hijos— y se metió para siempre en el ADN cultural argentino. Ya fuera desde su clásica banqueta frente a las tumbadoras o bailando al frente del escenario, Rada tenía ese don único de encender estadios y teatros con solo rozar el parche de los tambores.

Su trayectoria fue tan rica como inabarcable:

  • Pionero del candombe beat: Fundador de formaciones míticas e históricas como El Kinto, Totem y Opa.
  • Actor y figura popular: Supo lucirse desde el musical Hair hasta la pantalla chica en la recordada telenovela Gasoleros.
  • Fabrica de éxitos: Autor de himnos populares como “Tengo un candombe para Gardel”, “Cha Cha Muchacha” y “Quién va a cantar”.
  • Reconocimiento internacional: Ganador del premio Latin Grammy a la Excelencia Musical por su inmensa contribución a la world music.

A pesar de las críticas iniciales de los puristas por fusionar el candombe con el rock, el funk, el jazz y las tumbadoras centroamericanas, el tiempo le dio la razón absoluta. Rada convirtió a sus tambores en una bandera universal, tocando sin ataduras y ganándose el respeto y el cariño del mundo entero. 🙌

Curiosidad A pesar de ser considerado una institución de la música rioplatense y un virtuoso de la percusión, Rubén Rada no sabía leer ni escribir partituras. El propio músico confesaba con total humildad que nunca había estudiado teoría musical y que componía de oído o tarareando las melodías para que sus compañeros de banda (“parceiros”) las pasaran al piano. Aun así, su sentido del ritmo era tan sofisticado que llegó a componer y arreglar temas en complejos compases de 7/8 (como en su clásico “Que no le compro yo”), una métrica irregular extremadamente difícil de ejecutar que suele ser patrimonio exclusivo del jazz fusión y la música académica.