Paralizados por la incertidumbre y con un horizonte difuso. Así retrató la periodista Olivia Petter en una columna para The Times el presente de los jóvenes de entre 18 y 29 años, un segmento que engloba a la llamada generación Z y que hoy transita una profunda “crisis existencial” 📉.
El panorama se sostiene con datos contundentes. Una investigación de 2025 de la Universidad de Greenwich centrada en la “crisis de los veintitantos” reveló que uno de cada cinco jóvenes tiene serias dificultades vinculadas a la vivienda, la educación y el desarrollo laboral. A este escenario se suma un informe de este año de la firma SumUp, que expone el impacto anímico y material:
- 31 % padece insomnio a causa del estrés económico constante 🧠.
- 46 % siente que sus finanzas están rezagadas en comparación con las de su propio entorno.
A la hora de analizar el acceso al techo propio, Petter recurrió a una cruda ironía: “Pueden olvidarse de comprar una vivienda, a menos que tengan una fortuna heredada, una pareja adinerada o un OnlyFans muy popular”. El cóctel se agrava con el endeudamiento universitario para ingresar a un mercado laboral cada vez más inestable y con menos oportunidades, donde ahora irrumpe la “inminente amenaza” de la inteligencia artificial.
La tiranía del algoritmo y los vínculos rotos
El factor emocional no se queda atrás. La columnista cargó contra las redes sociales por erosionar los espacios comunitarios para imponer una dinámica tóxica de comparación permanente:
“Somos esclavos de nuestros algoritmos independientes; vivimos aislados consumiendo el contenido que nos imponen unos cuantos ‘nerds’ de Silicon Valley.”
Este aislamiento decantó también en una “crisis romántica” 💔, donde el cortejo se transformó en un trámite veloz y agotador, similar a “ir de compras a una tienda de todo a un euro”. Una espiral de sobreinformación y ansiedad cotidiana que, según Petter, muchos jóvenes terminan maquillando en redes con una foto y el hashtag #desayunoperfecto 📱.
Curiosidad
El concepto de la “crisis de los veintitantos” (quarter-life crisis) fue acuñado formalmente a principios de los años 2000 por las investigadoras y autoras estadounidenses Abby Wilner y Alexandra Robbins. A diferencia de la clásica crisis de la mediana edad —asociada al balance de vida y el envejecimiento—, esta etapa se caracteriza por el pánico a la transición adulta, la parálisis ante la abundancia de opciones y el quiebre entre las expectativas académicas y la realidad económica concreta.
