El duelo silencioso del relato argentino entre el llanto patrio de Pablo Giralt y la frialdad táctica de Mariano Closs

La pasión por la Selección Argentina en este tramo mundialista no solo se juega dentro de la cancha, sino también en los auriculares y parlantes de millones de argentinos que eligen cómo vivir el partido.

📺 Por un lado, por la pantalla de Telefe, emerge la figura de Pablo Giralt: el hombre del desborde pasional, las lágrimas fáciles y la exaltación de la patria en cada lateral, ideal para conmover a la masa no futbolera.

📱 Por el otro costado, desde la señal de ESPN/Disney+, se planta Mariano Closs: el relator de la precisión quirúrgica, dos tonos más abajo, valorado por su capacidad única para anticipar la jugada y el gol que está por venir.

👉 Mientras Giralt es un “Homo conmovidus” de la escuela del sentimiento extremo —aquel que llegó a incomodar al mismísimo Lionel Messi con su llanto en vivo—, Closs es considerado por el público futbolero como el relator absoluto, un analista seco y antiépico que describe el juego de manera conceptual.

⏱️ La diferencia se sintió con fuerza el sábado pasado en el triunfo de Argentina ante Suiza por 3 a 1, donde Giralt usó la palabra “sufrimiento” unas 347 veces, contrastando con el estilo analítico de Closs que muchos prefieren sintonizar cerrando las ventanas, a pesar del delay que a veces sufre la transmisión por streaming.

⚽ El oficio del relato en los mundiales es una carrera para quedar en la memoria colectiva, un podio donde todavía reina el “barrilete cósmico” de Víctor Hugo Morales a Maradona en el ’86, y donde otros, como Alejandro Fantino en 2014, debieron planificar frases como “¿De qué PlayStation saliste?” para forzar la posteridad.

🧐 El Dato Curioso

¿Sabías que el mítico relato del “Gol del Siglo” de Víctor Hugo Morales en México ’86 casi no se escucha como lo conocemos? El relator uruguayo confesó años después que, en medio de la corrida monumental de Diego Maradona, se le cruzó por la cabeza la idea de que le cobrarían posición adelantada o que lo bajarían con una patada antes de llegar al área, lo que casi lo hace dudar y callar un segundo antes de soltar la icónica e improvisada frase del “barrilete cósmico”.