Científicos desarrollan computadoras biológicas alimentadas por hongos

🍄 Un equipo de especialistas de la Universidad Estatal de Ohio alcanzó un hito en la bioelectrónica al descubrir que los sistemas fúngicos poseen la capacidad de procesar y almacenar señales eléctricas. Este hallazgo permite proyectar una arquitectura de computación radicalmente distinta a la actual, utilizando redes de micelio como una alternativa de bajo consumo energético frente a los tradicionales chips de silicio y componentes metálicos.

🧫 La investigación demostró que variedades comunes, como los hongos shiitake, pueden ser acondicionadas para actuar como “memristores” orgánicos. Se trata de componentes capaces de procesar información conservando un registro de señales eléctricas anteriores, un comportamiento que emula de cerca el funcionamiento de las neuronas humanas. Según las pruebas realizadas, estos sistemas biológicos ofrecen efectos de memoria consistentes y comparables a los semiconductores que utilizamos hoy en día.

🧠 John LaRocco, líder del estudio, destacó que el desarrollo de microchips que imitan la actividad neuronal permite un ahorro energético masivo, especialmente cuando los dispositivos se encuentran en estado de reposo. Para los expertos, esta integración entre biología y electrónica representa una ventaja estratégica fundamental para el avance de la inteligencia artificial y el manejo de grandes volúmenes de datos en las próximas décadas.

🌿 El pilar fundamental de este proyecto es la sostenibilidad ambiental. A diferencia de la industria del hardware convencional, que depende de la extracción de minerales escasos y procesos de alta contaminación, los hongos son económicos, fáciles de producir y totalmente biodegradables. Este enfoque busca reducir de forma drástica la basura electrónica, proponiendo componentes que, al cumplir su ciclo de uso, pueden descomponerse de forma natural sin dañar el ecosistema.

⚡ Durante los ensayos técnicos, se conectaron cultivos deshidratados a circuitos electrónicos específicos para evaluar su rendimiento como memoria RAM. El “memristor biológico” logró operar a una velocidad de casi 6.000 señales por segundo con una precisión del 90%. Los científicos observaron que, si bien la eficiencia cae a frecuencias muy elevadas, es posible compensar el rendimiento sumando más redes de hongos al circuito, replicando la forma en que el cerebro humano genera nuevas conexiones para optimizar sus funciones.

🚀 Por su parte, la coautora del estudio, Qudsia Tahmina, remarcó que este avance es solo el comienzo de una integración profunda entre la tecnología y el mundo natural. Aunque se trata de una fase inicial, el equipo de Ohio ya visualiza aplicaciones prácticas en campos críticos como la exploración espacial, dispositivos inteligentes portátiles y la computación de borde, donde se requieren interfaces biológicas altamente eficientes.