Por qué algunas personas coleccionan lo más extraño… y por qué nos fascina mirar sus mundos

En el mundo hay coleccionistas de todo tipo: desde monedas antiguas hasta figuras de acción. Pero existe un grupo que lleva el coleccionismo a un nivel insólito, acumulando objetos que la mayoría considera inútiles o rarísimos. La psicóloga social Mariana López explica: “Coleccionar no es solo acumular cosas; es darle sentido a lo que otros descartarían. Cada objeto funciona como recuerdo, emoción o desafío intelectual”.

Lo curioso es que muchas de estas colecciones terminan siendo culturalmente relevantes. Museos y exposiciones surgen a partir de tapitas, envoltorios de chocolate o fotos de platos de comida nunca comidos. Nos fascina mirar lo que otros consideran “sin valor” y descubrir universos enteros escondidos en lo cotidiano.

El coleccionismo raro puede surgir por varios motivos: búsqueda de rareza, completitud o simplemente por diversión y nostalgia. Y aunque algunos se ríen o piensen que es una pérdida de tiempo, los expertos sostienen que puede aportar bienestar, estructura y creatividad.

Top 5 de colecciones más insólitas del mundo

  1. Tapas de gaseosa con errores de impresión – Algunos coleccionistas dedican años a buscar la tapa “perfecta” que se desvíe de la producción masiva.
  2. Calcetines con dibujos absurdos – Desde gatos astronautas hasta pizzas voladoras: hay quien tiene miles y los organiza por temática y color.
  3. Piedras con formas de animales o rostros – La combinación de paciencia y ojo artístico convierte una simple roca en un tesoro.
  4. Envases de comida caducados – Sí, hay quienes coleccionan cajas y latas antiguas, algunas con fechas que se remontan a décadas atrás.
  5. Figuras de gomas olvidadas – Miniaturas que nadie recuerda, pero que para algunos son reliquias con valor emocional y estético.

Al final, el interés no es solo del coleccionista. Ver estas colecciones nos recuerda que incluso lo más pequeño puede ser extraordinario, y que la creatividad y la dedicación pueden transformar lo trivial en algo mágico. En un mundo digital y efímero, coleccionar lo raro se vuelve un acto de resistencia poética, un recordatorio de que el valor está en el ojo de quien lo observa.