Un segundo contingente de la barra brava de Boca Juniors viajó a Estados Unidos para presenciar el Mundial de Clubes, en el que el equipo dirigido por Miguel Ángel Russo enfrentó recientemente al Bayern Múnich. Esta vez, se trató de miembros de la facción de Lomas de Zamora, liderada por el veterano Santiago “Cepillo” Vélez Robles, quienes se sumaron a la ya nutrida presencia xeneize en las tribunas del Hard Rock Stadium.

El grupo no partió a ciegas. Antes de tomar el avión —vía Panamá, para evitar sospechas— observaron con atención las consecuencias (o la ausencia de ellas) del primer partido de Boca ante Benfica. Aquellos que ya habían viajado desde las filas de Mauro Martín y Rafael Di Zeo salieron ilesos, al menos judicialmente. Ese silencio fue la luz verde para que la bandera de “Siempre Mono Nunca Sapo” también ondeara en Miami.
Como buenos coreógrafos del caos, los de Lomas desembarcaron el 20 de junio, justo a tiempo para conmemorar, a su manera, el Día de la Bandera argentina. Y lo hicieron con todo el cotillón: banderas de palo, bombos y un cancionero que resonaba como en la segunda bandeja de la Bombonera, pero con vista al Atlántico. No pasaron inadvertidos, ni por ubicación ni por volumen. Tampoco por antecedentes.
De caramelero a capo de tribuna
Santiago Vélez Robles, alias Cepillo, no es un recién llegado al mundo de las barras. Nacido en Parque Patricios, abandonó el kiosco familiar en Capital para sumergirse en un universo mucho más lucrativo, aunque también más turbio. Su currículo penal incluye una estadía en una prisión ecuatoriana, tras ser detenido en 2016 por intentar comprar con dólares falsos en un shopping de Quito, y otra en Florencio Varela por formar parte de la fuerza de choque del entramado mafioso de La Salada. Extorsión, narcomenudeo, cobro de coimas y estacionamientos “custodiados” eran parte del menú que la Justicia le atribuyó hasta su liberación en 2022.
Reencuentro en clave de tribuna
No estuvo solo. En las tribunas del Hard Rock también se dejaron ver figuras como Gustavo “el Ninja” Iglesias, cuyo nombre resonó en 2023 tras ser mencionado en la investigación por el crimen de Fernando “Lechuga” Pérez Algaba. Aunque finalmente desligado del asesinato, su audio amenazante (“Te voy a cortar las manos con una sierra”) quedó como una postal siniestra de un mundo donde las palabras suelen tener filo.

Otros nombres conocidos completaron la delegación: Sebastián Barroso, Darío González, Pikachu Salatino… Cada uno con su vuelo, su bandera y su estilo de pasar desapercibido. Porque si algo aprendieron estos referentes de La Doce es que para permanecer, a veces hay que volar bajo.
Gabriel Martín, por ejemplo, hermano de Mauro, prefirió salir desde Perú. Mariano “Manija” Mantarro lo hizo desde Italia. Todos sin impedimentos legales, pero con la precaución de quien sabe que el ruido empieza mucho antes de los bombos.
¿Y ahora?
Boca cayó ante Bayern, pero la barra ya sueña con la revancha contra Auckland City. El deseo no es tanto una cuestión deportiva como logística: prolongar la estadía, mantener el protagonismo, seguir girando alrededor de un club que lleva la pelota como bandera… y a sus banderas como escudo.
Porque mientras Boca juega, otros también juegan. Y en su tablero, la legalidad es solo una pieza más.