¿Por qué sentimos que el tiempo pasa cada vez más rápido?

Una percepción, no un reloj

La sensación de que el tiempo se acelera con el paso de los años es una experiencia ampliamente compartida. Sin embargo, no se trata de un fenómeno físico, sino perceptivo. El reloj no se mueve más rápido: lo que cambia es nuestra forma de procesar el tiempo.

A medida que envejecemos, el cerebro deja de registrar cada momento como una novedad. 🧠


El rol de la rutina

Durante la infancia y la adolescencia, casi todo es nuevo: personas, espacios, aprendizajes. Esa acumulación de estímulos genera recuerdos más densos y detallados. En la adultez, en cambio, la rutina se impone y los días se vuelven previsibles.

Menos novedades implican menos “marcas” en la memoria, y eso produce la sensación de que el tiempo se escurre. 📆


Memoria y velocidad

La percepción del paso del tiempo está profundamente ligada a la memoria. Cuando miramos hacia atrás, un período lleno de experiencias parece largo; uno rutinario, breve. El tiempo no se acelera mientras lo vivimos, sino cuando lo recordamos.

Por eso los años recientes suelen sentirse más cortos que los lejanos. 🕰️


La vida moderna y la aceleración

La hiperconectividad, las pantallas y la multitarea refuerzan esta percepción. Saltar constantemente de un estímulo a otro fragmenta la atención y dificulta la consolidación de recuerdos profundos.

Vivimos ocupados, pero no necesariamente presentes. 📱


¿Se puede desacelerar el tiempo?

No podemos frenar el reloj, pero sí modificar nuestra experiencia del tiempo. Introducir cambios, aprender cosas nuevas, viajar, leer o simplemente romper la rutina permite ensanchar la percepción temporal.

El tiempo no se estira: se llena. ⌛