En las calles de Alemania está pasando algo que, a primera vista, te hace frotar los ojos para ver si estás despierto: gente caminando con correas tensas, collares colgando al aire y dándole premios al vacío. No es un delirio colectivo, es el hobby dogging, una tendencia que combina el ejercicio físico con una imaginación a prueba de balas.
🏃♂️ El asunto va en serio: los practicantes participan en talleres y recorren circuitos de obstáculos como si tuvieran al mejor ovejero alemán al lado. Según explican, es una mezcla de entrenamiento físico, juego de rol y una pizca de sátira social frente a las exigencias de la vida moderna en las grandes ciudades.
🧘♂️ Para muchos de sus defensores, esta práctica es una herramienta de atención plena (mindfulness) y una forma creativa de liberar el estrés. Incluso, hay quienes lo usan como un puente emocional para rendir homenaje a mascotas que ya fallecieron, manteniendo el hábito del paseo pero sin la presencia física del animal.
💰 Las ventajas que resaltan son imbatibles para el bolsillo y la limpieza: se terminó el presupuesto en veterinarios, los ladridos a deshora y los pelos en el sillón. Lo que queda es el bienestar del movimiento, la socialización con otros “dueños” y el aire libre, aunque el pichicho sea puro aire.
🧐 El Dato Curioso Esta tendencia tiene un antecedente comercial muy gracioso que fue furor en los años 70: la “Invisible Dog Leash” (correa de perro invisible). Fue un invento de un tal George Pashos que consistía simplemente en una correa con un alambre rígido adentro para que pareciera que estaba conectada a un perro real. Se vendieron millones de unidades como un regalo de broma, pero lo que empezó como un chiste, hoy los alemanes lo transformaron en una terapia de bienestar.
