El último episodio de El Chavo del 8: cómo fue el discreto final de una serie eterna

El episodio final de El Chavo del 8, titulado “La lavadora”, se emitió el 7 de enero de 1980 y marcó el cierre de una de las series más emblemáticas de la televisión en español. El programa, creado y protagonizado por Roberto Gómez Bolaños —Chespirito—, concluyó sin homenajes ni ceremonias especiales, fiel a su estilo sencillo y cotidiano.

A lo largo de 312 episodios, la serie narró la vida de un grupo de vecinos que compartían una humilde vecindad mexicana. Durante siete años, los malentendidos, discusiones y juegos infantiles construyeron un universo reconocible para millones de espectadores en América Latina y España.

Una historia mínima para un final silencioso

La trama del último capítulo giró en torno a un conflicto doméstico. Doña Florinda, cansada de las discusiones con Doña Clotilde y Doña Nieves por el uso del único lavadero comunitario, decidió comprar una lavadora. El arribo del electrodoméstico despertó la curiosidad general, especialmente la de la “Bruja del 71”.

Con la excusa de devolver ropa olvidada tras una pelea, El Chavo logró entrar al departamento de Doña Florinda, donde el Profesor Jirafales le mostró la nueva máquina. Fascinado por el aparato —un objeto poco habitual en su mundo de carencias—, el niño fue invitado a aprender a usarla.

Como era previsible, la lección terminó en desastre: El Chavo volcó todo el detergente en la lavadora, provocó una explosión de espuma y, al retirar la manguera, empapó a todos los vecinos. El episodio concluyó con Doña Florinda devolviendo la máquina y resignándose al lavadero compartido, cerrando el relato con el humor clásico de la serie.

Un elenco incompleto y sin despedidas

En el capítulo participaron Doña Florinda, Doña Clotilde, Doña Nieves, Jaimito el Cartero y el Profesor Jirafales. Quico y Don Ramón ya no formaban parte del elenco: Carlos Villagrán había dejado la serie en 1978 y Ramón Valdés en 1979, ambos por diferencias personales y profesionales con Gómez Bolaños.

El formato del episodio no incluyó referencias al final del programa ni escenas emotivas. Fue presentado como un capítulo más, sin anticipar que se trataba del cierre definitivo de la serie independiente.

El final que nadie anunció

El Chavo del 8 había debutado como programa propio el 23 de febrero de 1973 por Canal 2 de México, tras surgir como sketch dentro de Chespirito. Su éxito fue inmediato y sostenido, al punto de ser doblado a más de 50 idiomas y retransmitido durante décadas, convirtiéndose en un fenómeno intergeneracional.

María Antonieta de las Nieves reveló años después que el elenco nunca fue informado oficialmente del final. Simplemente, el sketch dejó de emitirse. “Un día no hubo El Chavo, y pensamos que volvería la semana siguiente. Pero no volvió”, recordó. Cuando consultó a Gómez Bolaños, él respondió con naturalidad: “Porque ya se acabó El Chavo”.

Édgar Vivar, por su parte, explicó que la decisión fue consciente y necesaria. Reconoció que el paso del tiempo ya se notaba en pantalla y que Chespirito optó por retirarse antes de que el desgaste afectara la calidad del programa.

Cerrar en lo más alto

En su autobiografía Sin querer queriendo, Gómez Bolaños explicó que tanto El Chavo del 8 como El Chapulín Colorado habían cumplido su ciclo. Sostuvo que prefirió terminar antes de que los personajes “llegaran a dar lástima”, convencido de que era mejor despedirse en la cima que prolongar artificialmente el éxito.

Aunque la serie terminó en 1980, el personaje continuó apareciendo dentro del programa Chespirito hasta 1992, cuando se emitió el último sketch ambientado en la escuelita. La vecindad ya no volvió a aparecer.

Un legado que sigue vivo

Hoy, los derechos de El Chavo del 8 pertenecen a Televisa. Tras años fuera del aire, en 2025 la serie completa fue incorporada a la plataforma ViX, permitiendo que nuevas generaciones accedan a los episodios originales.

Sin grandes finales ni discursos emotivos, El Chavo del 8 se despidió como vivió: sin querer queriendo. Y quizás ahí radique una de las razones por las que, más de cuatro décadas después, sigue siendo parte del imaginario colectivo.