Dormir en una habitación fresca: el hábito simple que puede transformar tu descanso

Dormir bien no depende solo del colchón o de cuántas horas pasamos en la cama: la temperatura del cuarto juega un rol clave en cómo descansa el cuerpo y la mente.

🌡️ Diversos estudios coinciden en que un ambiente fresco, idealmente entre 15 °C y 19 °C, ayuda al organismo a regular mejor su temperatura interna y a entrar más rápido en un sueño profundo y reparador.

🧠 Cuando el cuerpo logra enfriarse de manera natural, se facilita el acceso a la fase REM, el momento del sueño donde se consolidan la memoria, se reparan tejidos y se “reinicia” el cerebro.

🔥 Dormir en un cuarto más frío también puede activar el metabolismo, ya que estimula la llamada grasa parda, un tipo de grasa beneficiosa que quema calorías y ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre.

💤 Además, un ambiente fresco reduce los despertares nocturnos y favorece la producción de melatonina, la hormona del sueño, al mismo tiempo que mantiene bajos los niveles de cortisol, vinculados al estrés.

❤️ Dormir mejor no solo se traduce en más energía al día siguiente: también se asocia a un mejor control del peso, un sistema inmune más fuerte y una mejor salud cardiovascular.

✨ La clave no es pasar frío, sino encontrar ese punto justo en el que el cuerpo se siente cómodo y puede hacer su trabajo sin interrupciones mientras dormís.


🔎 Curiosidad: en países nórdicos, donde las temperaturas nocturnas suelen ser bajas, es común dormir con la ventana apenas abierta incluso en invierno, una práctica cultural que muchos especialistas vinculan con sus altos índices de descanso profundo y calidad de sueño.