🎸 Bajo el imponente marco de las sierras cordobesas, más de 90 mil personas se dieron cita para una nueva entrega del festival con mayor espíritu federal de nuestra tierra. El evento no fue solo una sucesión de conciertos, sino un punto de encuentro donde una multitud heterogénea se reunió para compartir la pasión por el ritmo y la cultura, reafirmando que el aeródromo de Santa María de Punilla es, ante todo, un espacio de pertenencia para compatriotas de todos los rincones del país.
🏃 La dinámica de esta edición estuvo marcada por el movimiento constante de un público curioso y activo. Con siete escenarios funcionando de manera simultánea, el predio se transformó en un crisol de generaciones y estilos. Lejos de las críticas que señalan una pérdida de identidad por la apertura de géneros, el festival demostró que el verdadero hilo conductor es nuestra propia idiosincrasia. Mientras Guasones celebraba más de dos décadas de historia en un extremo, YSY A dominaba la escena urbana en el otro, probando que el alma del Cosquín Rock trasciende cualquier etiqueta musical.

🙌 Es contradictorio pensar que la diversidad de la grilla opaca la mística del lugar, especialmente cuando el cartel contó con pilares de nuestra cultura como Divididos, Fito Páez, Las Pelotas, Ciro y los Persas, Babasónicos y La Vela Puerca. Desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, miles de voces se unieron para entonar himnos actuales y de siempre. Incluso el espíritu de bandas ausentes como Los Redondos y Sumo se hizo sentir en cada pogo y en el diseño de incontables remeras, dejando claro que el rock nacional es una llama que no se apaga.
⛅ El factor climático fue un aliado estratégico durante gran parte de las jornadas. Con una mezcla equilibrada de sol y brisa, el calor dio tregua hasta el tramo final, cuando la lluvia —un clásico del festival— hizo su aparición para añadirle un tinte épico a los cierres de Peces Raros, Louta y Caras Extrañas. El agua, lejos de dispersar a la gente, selló una despedida cargada de emoción y mística bajo el cielo de Punilla.
🌍 La propuesta de este año también se enriqueció con una fuerte impronta internacional y la irrupción de nuevos talentos. Figuras como Franz Ferdinand, Morat y el ya “adoptado” Marky Ramone aportaron el toque extranjero, recibiendo a cambio el inconfundible calor del público local. En paralelo, la grilla se refrescó con la presencia de artistas como Dillom, Lali y Abel Pintos, sumados a apuestas emergentes de la talla de Ryan y Dum Chica, quienes demostraron que el relevo generacional está más vivo que nunca.
🇦🇷 En definitiva, el Cosquín Rock se consolidó una vez más como el último refugio de una cultura resistente. En tiempos donde se intenta fragmentar el tejido social, la música surge como ese puente inquebrantable que nos une. Fue, en esencia, la celebración de una argentinidad que se reconoce en sus canciones y que encuentra en este festival su expresión más auténtica y federal.
