Géminis: pensar rápido, sentir tarde y cambiar de idea sin pedir disculpas

Géminis no es doble: es múltiple. La confusión empieza ahí. Se lo acusa de tener dos caras, cuando en realidad tiene demasiadas preguntas. Gobernado por Mercurio, el planeta del pensamiento y la palabra, Géminis vive en movimiento mental constante, como una radio mal sintonizada que, de pronto, capta una idea brillante.

Su mente va rápido. A veces demasiado. Mientras otros signos profundizan una sola idea, Géminis ya pasó por cinco y está pensando en la sexta. Antítesis clara: parece superficial, pero suele ser el primero en detectar patrones, ironías y contradicciones que los demás descubren tarde… o nunca.

El problema no es que cambie de opinión, sino que se permite hacerlo. En un mundo que confunde coherencia con rigidez, Géminis incomoda. Dice hoy lo que piensa hoy. Mañana, lo revisa. ¿Inconsistencia? Tal vez. ¿Honestidad intelectual? También.

En lo emocional, Géminis suele ser malinterpretado. No porque no sienta, sino porque procesa hablando. Necesita decir para entender. Pensar en voz alta. Probar frases como quien prueba ropa frente al espejo. Eso puede parecer desapego, cuando en realidad es búsqueda.

Ama la conversación como otros aman el silencio. Donde no hay intercambio, Géminis se apaga. El mutismo prolongado lo desespera. Necesita estímulo, humor, ironía. La solemnidad excesiva lo aburre. La certeza absoluta lo pone nervioso.

Géminis no nació para sostener verdades eternas, sino para moverlas. Para preguntar “¿y si no es así?”. Para conectar mundos que no se hablaban. En tiempos de opiniones rápidas y posiciones cerradas, su mayor virtud es también su mayor riesgo: dudar sin culpa.

Quizás por eso genera fascinación y cansancio a partes iguales. Géminis no promete estabilidad, promete lucidez momentánea. Y en una época donde todo cambia más rápido de lo que podemos procesar, tal vez no sea el signo más inestable… sino el más honesto con el caos.