🎭 La ambición y el engaño no tienen fronteras: un ciudadano nigeriano, identificado como Nzube Henry Ikeji, logró montar una puesta en escena digna de un Oscar al hacerse pasar por el príncipe heredero de Dubái.
💻 Según reveló una investigación del OCCRP (Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado), el sujeto contactó a través de LinkedIn a una empresaria rumana llamada ‘Laura’, con la excusa de invertir en proyectos humanitarios.
❤️ Lo que empezó como una charla de negocios derivó en un romance virtual que duró dos años. Durante ese tiempo, Ikeji fue tejiendo una red de mentiras que incluyó la apertura de supuestas cuentas bancarias en Londres y la promesa de una vida de lujos compartida.
💸 El “modus operandi” fue el clásico de estas estafas: para liberar supuestos fondos millonarios, le pedían a la víctima el pago de comisiones y aranceles. ‘Laura’, confiada en su vínculo con la “realeza”, terminó transfiriendo la astronómica cifra de 2,5 millones de dólares.
📸 Mientras vaciaba las cuentas de la empresaria, Ikeji se mostraba en redes sociales como un filántropo exitoso, rodeado de autos de alta gama, relojes de lujo y mansiones, codeándose con la alta sociedad de su país.
🤝 La mentira se desmoronó por una pelea interna: dos de sus socios, despechados, terminaron revelando la verdadera identidad del estafador. Una foto de su nueva residencia fue la pista clave para que los investigadores dieran con su paradero.
⚖️ Actualmente, la justicia británica logró devolverle a la víctima unos 130.000 dólares de cuentas que fueron congeladas, pero la causa penal gruesa ahora está en manos de las autoridades de Bucarest, aunque todavía no hay cargos formales contra el sospechoso.
🧐 El Dato Curioso
Este tipo de estafas se conocen en el mundo de la ciberseguridad como “Estafas 419” o “Cartas Nigerianas”. El nombre proviene del artículo del Código Penal de Nigeria que refiere al fraude. Lo sorprendente es que, a pesar de ser uno de los engaños más viejos de la era de internet, se estima que este tipo de delitos mueven más de 2.500 millones de dólares al año a nivel global, evolucionando hoy hacia plataformas profesionales como LinkedIn para cazar víctimas de alto perfil.
