Aries: el signo que no toca la puerta, la patea

Aries es el primer signo del zodíaco, y no por casualidad. Llega como llegan los comienzos verdaderos: sin pedir permiso, con ruido y con una convicción que roza la imprudencia. Mientras otros calculan, Aries ya salió corriendo. Mientras algunos dudan, Aries ya se equivocó… y volvió a intentar.

Regido por Marte, el planeta de la guerra, este signo tiene fama de combativo. Y la merece. Pero sería injusto reducirlo a un simple amante del conflicto. Aries pelea, sí, aunque muchas veces pelea contra el tiempo, contra la quietud, contra ese silencio incómodo que a otros les resulta cómodo. Su gran miedo no es perder, sino quedarse quieto. Como un fósforo, vive para encenderse, aun sabiendo que puede consumirse rápido.

Hay en Aries una antítesis fascinante: es líder nato, pero pésimo seguidor; es valiente, pero no siempre prudente; es honesto hasta la brutalidad, incluso cuando una pequeña mentira piadosa habría evitado el drama. Dice lo que piensa con la delicadeza de un martillo y luego se sorprende cuando alguien se ofende. Ironías del fuego.

En el amor, Aries ama como vive: rápido, intenso, sin manual de instrucciones. Se enamora como quien se tira a una pileta sin mirar si hay agua. A veces hay. A veces no. Pero siempre hay experiencia. Y si algo sale mal, se levanta, se sacude el orgullo y sigue. No guarda rencor demasiado tiempo; no porque sea santo, sino porque aburrirse le parece un pecado capital.

En tiempos donde se valora la estrategia, la pausa y el cálculo, Aries parece un anacronismo. Y tal vez lo sea. Pero también es el recordatorio de que alguien tiene que dar el primer paso, encender la chispa, empezar la historia. Porque sin Aries, el zodíaco sería un largo debate… y nadie habría hecho nada.