El extraño fenómeno de hablarle a los objetos: por qué insultamos a la impresora y le pedimos perdón a la mesa

Golpear la mesa después de chocarse el dedo y decir “perdón”. Putear a la impresora como si entendiera. Suplicarle al Wi-Fi que “no se caiga ahora”. Estas escenas, completamente normales, esconden un fenómeno psicológico conocido como antropomorfización funcional: atribuir cualidades humanas a cosas que claramente no las tienen.

Y no, no es locura.

Según investigadores de la Universidad de Chicago, hablarle a los objetos es una estrategia cognitiva para reducir la frustración y recuperar sensación de control en situaciones donde no lo tenemos. El cerebro, básicamente, necesita creer que alguien escucha el reclamo.

Por qué insultar a una máquina nos calma

Cuando algo falla —una impresora, una notebook, un ascensor— el problema no es solo técnico, es emocional. El objeto se convierte en un “otro” responsable del caos. Insultarlo permite descargar tensión sin consecuencias sociales.

Putear a una persona tiene costos.
Putear a una fotocopiadora, no.

Además, al verbalizar la frustración, el cerebro activa mecanismos similares a los que se ponen en marcha al quejarse con otra persona. El objeto no responde, pero el alivio igual llega.

Pedirle perdón a la mesa: culpa automática

El gesto opuesto también es común: pedir disculpas a una silla, una puerta o una mesa. Esto ocurre porque el cerebro interpreta el golpe como un “accidente social”, aunque no haya nadie involucrado.

Es el mismo reflejo que usamos con otras personas, aplicado por error. La cortesía sobrevive incluso cuando no tiene destinatario.

Tecnología: el nuevo interlocutor involuntario

La tendencia se intensificó con los dispositivos inteligentes. Decir “dale”, “vamos” o “no me hagas esto” frente a una pantalla congelada es cada vez más habitual. No porque creamos que la máquina siente, sino porque el lenguaje organiza la paciencia.

Paradójicamente, cuanto más avanzada es la tecnología, más ganas tenemos de hablarle como a un ser humano… y más traicionados nos sentimos cuando falla.

No es ridiculez: es supervivencia mental

Los psicólogos coinciden en algo: hablar con objetos no indica infantilismo ni pérdida de contacto con la realidad. Indica capacidad simbólica, manejo del estrés y adaptación a entornos impredecibles.

El problema no es hablarle a la impresora.
El problema sería esperar que te conteste.

Así que la próxima vez que le ruegues al router o le pidas perdón a una silla, quedate tranquilo: no estás solo, no estás loco y, definitivamente, no sos el único negociando con cosas que no escuchan.