Cuando el cerebro se apaga: por qué hacemos cosas absurdas cuando tenemos sueño (y no nos damos cuenta)

Todos lo vivimos alguna vez. Abrir la heladera y quedarnos mirando sin saber qué buscamos. Decir “vos también” cuando el mozo nos desea buen provecho. O apagar el despertador con la convicción de que eran “cinco minutos más”… hasta que es de noche otra vez. Lejos de ser simples distracciones, estos episodios tienen una explicación neurológica bastante clara.

Cuando dormimos poco, el cerebro entra en una especie de modo automático defectuoso.

Según estudios de la National Sleep Foundation, la falta de sueño reduce la actividad de la corteza prefrontal, la zona encargada del juicio, la lógica y la toma de decisiones. Es decir: la parte adulta del cerebro se va a dormir antes que el resto.

El cerebro cansado: creativo, impulsivo y peligrosamente confiado

Uno de los efectos más curiosos del cansancio es la falsa sensación de lucidez. La persona cree que está funcionando bien, cuando en realidad su capacidad cognitiva está notablemente disminuida. Por eso alguien con sueño puede afirmar con total seguridad algo completamente absurdo.

Investigaciones de la Universidad de Harvard comparan estar despierto más de 18 horas seguidas con tener alcohol en sangre. Dormir poco equivale, en términos neurológicos, a estar moderadamente borracho… pero sin la diversión.

De ahí surgen escenas universales:

Mandar un audio que jamás deberíamos haber enviado

Entrar a una habitación y olvidar para qué

Releer un mismo párrafo cinco veces sin entender nada

Discutir convencidos… y después darnos cuenta de que no tenía sentido

Microssueños: cuando el cerebro hace trampa

Otro fenómeno clave son los microssueños, pequeños apagones cerebrales que duran entre uno y diez segundos. Durante ese lapso, el cerebro literalmente se duerme, aunque los ojos sigan abiertos.

Esto explica por qué alguien puede “despertar” de golpe sin saber qué estaba haciendo, o cometer errores ridículos en tareas simples, como escribir mal su propio nombre o poner sal en el café.

El problema es que la persona no siempre registra que ocurrió un microssueño. Para ella, el mundo simplemente dio un pequeño salto extraño.

Por qué el cansancio nos vuelve graciosos (y un poco peligrosos)

Paradójicamente, el sueño también reduce los filtros sociales. Al bajar el control racional, muchas personas se vuelven más espontáneas, más habladoras… y más propensas a decir lo primero que se les cruza por la cabeza.

Por eso, de noche:

Las ideas parecen brillantes

Los mensajes largos parecen necesarios

Las decisiones importantes parecen urgentes

Y al día siguiente, todo eso parece una pésima idea.

Dormir no te hace menos productivo: te hace menos papelón

La ciencia es clara: dormir bien mejora la memoria, el autocontrol, el humor y la capacidad de resolver problemas. Dormir mal, en cambio, nos transforma en versiones ligeramente desalineadas de nosotros mismos, convencidas de que todo está bajo control.

La próxima vez que estés a punto de escribir algo raro a las tres de la mañana, recordá esto: no sos vos, es tu corteza prefrontal pidiendo auxilio.

Dormir no es perder tiempo.
Es evitar hacer estupideces con absoluta seguridad.