🏠 China presenta una estadística que en cualquier otro rincón del planeta parecería una utopía inalcanzable: más del 90% de la población vive en una vivienda propia. Sin embargo, detrás de este número impactante se esconde un entramado de explicaciones culturales, económicas y políticas que hacen a este caso único en el mundo.
📊 Si bien la tasa de propiedad es altísima, el sistema tiene una particularidad fundamental que no se puede pasar por alto: la tierra es del Estado. En la práctica, lo que las personas compran no es el terreno a perpetuidad, sino el derecho de uso por períodos largos, que generalmente son de 70 años para las propiedades residenciales.
💰 Para entender cómo se accede al techo propio, hay que mirar puertas adentro de los hogares. El ahorro familiar juega un rol determinante en este modelo. Es moneda corriente que padres y abuelos “pongan el hombro” y ayuden económicamente a los jóvenes a comprar su casa, una decisión que culturalmente está muy ligada al matrimonio y a la búsqueda de estabilidad familiar.
🏛️ Desde la óptica oficial, el gobierno chino impulsó este esquema como una herramienta estratégica para garantizar estabilidad social y fomentar la confianza en el llamado “sueño chino”. La propia Constitución avala este híbrido: permite la propiedad privada de las viviendas (el ladrillo), pero mantiene firme la titularidad pública del suelo.
🧐 El Dato Curioso
Esta obsesión por la casa propia tiene una fecha de inicio muy reciente: 1998. Antes de ese año, la mayoría de los chinos vivían en viviendas asignadas por sus “unidades de trabajo” (empresas estatales) y el mercado inmobiliario privado prácticamente no existía. En menos de tres décadas, China pasó de un sistema de asignación de vivienda socialista a tener una de las tasas de propiedad privada más altas del mundo, superando ampliamente a países como Estados Unidos (donde ronda el 65%) o Suiza (que apenas llega al 40%).
