¿Estás muerto?: la cruda aplicación que es furor en China por el aumento de la soledad

Un nombre brutal para una realidad urgente. Bajo el título “¿Estás muerto?”, la aplicación Sile Me se convirtió en un fenómeno de descargas en la App Store de China, revelando una grieta social que no para de crecer.

🚨 El funcionamiento es tan simple como estremecedor. La herramienta obliga al usuario a “fichar” tocando un botón una vez al día; si el sistema detecta que la persona no interactuó durante dos días consecutivos, envía de forma automática un mensaje de alerta a un contacto de emergencia.

🏠 Una solución pensada para la soledad extrema. El éxito de esta plataforma no es una casualidad tecnológica, sino una respuesta a un cambio cultural profundo en el gigante asiático, donde cada vez más jóvenes eligen vivir solos y postergan —o directamente descartan— la idea de formar una familia.

👵 El aislamiento no distingue edades. Al mismo tiempo, millones de adultos mayores atraviesan sus días en una soledad absoluta, careciendo de familiares o allegados que puedan asistirlos ante un accidente doméstico o un problema de salud repentino.

📊 Las cifras oficiales confirman la tendencia. En el año 2020, China ya registraba más de 125 millones de hogares unipersonales, y las proyecciones indican que esa cifra podría escalar hasta los 200 millones para el 2030.

📉 Mucho más que una herramienta de seguridad. Lo que nació como una función preventiva terminó siendo un síntoma de la soledad estructural que atraviesa el país, donde una notificación diaria no solo busca confirmar signos vitales, sino que también pone en evidencia el vacío afectivo de una sociedad hiperconectada pero aislada.


🧐 El Dato Curioso Este fenómeno se vincula directamente con lo que en Asia llaman la “Muerte Solitaria” (conocida como Kodokushi en Japón). En Corea del Sur y China, el Estado ha comenzado a instalar sensores de movimiento en las casas de personas que viven solas y que, si no detectan actividad en 24 horas, dan aviso a los trabajadores sociales. La tecnología, irónicamente, se está convirtiendo en el único testigo de la existencia de millones de personas