Rubén Doblas Gundersen, conocido mundialmente como El Rubius, es mucho más que un youtuber. Gamer, streamer, influencer y figura clave de la cultura digital, logró transformar el contenido casero en un fenómeno global que marcó un antes y un después en internet.
Nacido en 1990, de padre español y madre noruega, Rubius comenzó subiendo videos de videojuegos sin imaginar que su estilo espontáneo, exagerado y profundamente humorístico conectaría con millones de personas.
El fenómeno YouTube
Su canal principal llegó a superar los 40 millones de suscriptores, convirtiéndolo durante años en el creador de habla hispana más seguido del mundo. Gameplays, retos absurdos, sketches improvisados y reacciones exageradas fueron la fórmula de un éxito que parecía no tener techo.
Pero más allá de los números, El Rubius destacó por algo clave: no intentar parecer perfecto. Sus errores, nervios y risas genuinas construyeron una cercanía inédita con su audiencia.
De la risa al escenario
Con el paso del tiempo, Rubius expandió su carrera: publicó libros, participó en eventos multitudinarios, lanzó proyectos creativos y fue una de las figuras centrales en la consolidación de Twitch como plataforma dominante del streaming.
En 2018 protagonizó el histórico evento “Fortnite World Cup Pro-Am”, y más tarde formó parte de iniciativas como TortillaLand, que redefinieron el entretenimiento en vivo.
La otra cara de la fama
El crecimiento también trajo presión. Rubius habló abiertamente sobre la ansiedad, el estrés y el impacto psicológico de la exposición constante. Sus pausas, cambios de rumbo y mudanzas fueron leídas por muchos como una señal de algo más profundo: incluso los ídolos digitales necesitan frenar.
Lejos de desaparecer, supo reinventarse, priorizando proyectos que le devolvieran disfrute y control creativo.
Un referente generacional
Para millones de jóvenes, El Rubius no fue solo un creador de contenido: fue compañía, escape y risa en momentos difíciles. Representó una nueva forma de comunicación, donde el humor absurdo convivía con la honestidad emocional.
Hoy, con más de una década de carrera, su figura sigue siendo clave para entender cómo internet cambió la manera de entretenerse, comunicarse y construir identidad.
El Rubius no solo jugó videojuegos frente a una cámara: ayudó a crear una era.
