En 1941, una fotografía capturada en Ucrania inmortalizó uno de los momentos más crudos del genocidio judío perpetrado por el régimen nazi. En la imagen, un soldado alemán apunta su arma a la cabeza de un hombre que, segundos antes de morir, mira a la cámara con una expresión desafiante. A su alrededor, otros soldados y un civil observan la escena con aparente indiferencia. A los pies de la víctima, una fosa común abierta anticipa el destino de miles.
La fotografía se convirtió con el tiempo en un símbolo del llamado “Holocausto de las balas”, expresión que refiere a los asesinatos masivos ejecutados por los escuadrones de la muerte nazis en Europa del Este durante la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, la imagen fue conocida como El último judío de Vinnitsa, aunque su contexto real permaneció envuelto en incertidumbre.
Ocho décadas después, el historiador alemán Jürgen Matthäus logró un avance decisivo. A través del uso de inteligencia artificial y del aporte de familiares del implicado, pudo identificar al verdugo como Jakobus Onnen, miembro de los Einsatzgruppen, los grupos responsables de ejecutar a cientos de miles de civiles, en su mayoría judíos. Onnen tenía 34 años al momento del crimen y murió en 1943 durante un ataque partisano en Ucrania.
El hallazgo fue publicado en la revista especializada Zeitschrift für Geschichtswissenschaft y confirmó, además, un dato inquietante: la identidad de la víctima sigue siendo desconocida. Según Matthäus, esta situación es frecuente incluso hoy, pese a décadas de investigación y al desarrollo de grandes bases de datos como la de Yad Vashem, que reúne 4,7 millones de nombres de víctimas del Holocausto, aunque aún conserva más de un millón sin identificar.
La investigación también permitió corregir un error histórico. Durante años se creyó que la ejecución había ocurrido en Vinnitsa. Sin embargo, documentos hallados en los diarios de guerra del oficial de la Wehrmacht Walter Materna demostraron que el asesinato tuvo lugar en la ciudad de Berdychiv, el 28 de julio de 1941. Estos registros confirmaron, además, que el ejército alemán regular tenía conocimiento de las matanzas cometidas por los escuadrones de la muerte.
La identificación de Onnen fue posible cuando, tras la publicación de los avances en 2023, una pareja contactó a Matthäus convencida de que un familiar aparecía en la fotografía. Las imágenes aportadas fueron analizadas mediante tecnología de reconocimiento facial asistida por IA, arrojando coincidencias de entre el 98,5% y el 99,9%, cifras consideradas muy altas para material histórico de baja resolución.
Onnen, nacido en 1906 en una familia de clase media, era profesor y políglota. Se incorporó tempranamente a las SA y luego a las SS, integrando el aparato represivo bajo las órdenes directas de Heinrich Himmler. Aunque su nombre figuró posteriormente entre los responsables de los crímenes, su muerte durante la guerra evitó cualquier proceso judicial.
A pesar de la abundancia de imágenes que documentan las atrocidades nazis, muy pocas muestran ejecuciones en el momento exacto. Muchas fueron destruidas deliberadamente, mientras que otras se convirtieron en pruebas fundamentales para reconstruir el genocidio. Sin embargo, como ocurre en este caso, los investigadores suelen lograr identificar a los perpetradores, pero rara vez a las víctimas.
“La dificultad persiste por la escasez de documentos, testimonios y registros fotográficos previos a los asesinatos”, explicó Matthäus. Mientras la guerra actual en Ucrania limita nuevas investigaciones de campo, el rostro del hombre anónimo continúa siendo un símbolo poderoso: el de una humanidad enfrentada al abismo, cuya historia aún espera ser completamente contada.
