El dolor de cuello, una molestia cada vez más común: qué lo causa y cómo prevenirlo según Harvard

El dolor de cuello se ha transformado en una de las molestias más habituales en la vida contemporánea, impulsado por largas jornadas frente a dispositivos electrónicos, posturas inadecuadas y una creciente dependencia de la tecnología tanto en el trabajo como en el hogar.

Según expertos de Harvard y de la Facultad de Medicina de Harvard, este tipo de dolor suele desarrollarse de manera gradual y rara vez aparece de forma repentina. Por ese motivo, identificar sus causas y aplicar medidas preventivas resulta clave para preservar la calidad de vida y evitar que el malestar se vuelva crónico.

Las estructuras del cuello no solo sostienen el peso de la cabeza, sino que permiten su movilidad y participan en funciones esenciales como la masticación, el habla y la respiración. Este esfuerzo constante las vuelve especialmente vulnerables a las tensiones derivadas de hábitos cotidianos.

Entre los principales factores de riesgo identificados por Harvard se encuentran la postura incorrecta al sentarse o trabajar, la debilidad muscular por falta de actividad física, el estrés y la tensión emocional, el sueño insuficiente o poco reparador, el uso prolongado de pantallas y ciertas enfermedades como la artritis o la degeneración discal.

El dolor puede comenzar como una molestia leve y, con el tiempo, progresar hasta limitar los movimientos, provocar contracturas musculares y afectar la productividad y el bienestar general.

Para aliviar y prevenir el dolor cervical, la Guía de Harvard Health recomienda una serie de medidas prácticas basadas en evidencia médica. Entre ellas, evitar la inmovilidad prolongada mediante pausas activas cada una o dos horas, cambiar de posición y realizar movimientos suaves que ayuden a conservar la flexibilidad del cuello.

También resulta fundamental mejorar la ergonomía del espacio de trabajo. Ajustar el monitor a la altura de los ojos, utilizar auriculares para llamadas y apoyar tabletas o dispositivos móviles en ángulos adecuados reduce la sobrecarga sobre la musculatura cervical y de los hombros.

Otro punto clave es revisar periódicamente la graduación de los anteojos, ya que una visión deficiente puede llevar a inclinar la cabeza de forma incorrecta. En el descanso, los especialistas recomiendan dormir con una sola almohada baja y firme para evitar curvaturas cervicales poco naturales.

Antes de realizar esfuerzos físicos, como levantar objetos pesados, es importante reconocer los propios límites y pedir ayuda si es necesario. Además, priorizar un sueño reparador contribuye a la recuperación muscular, la reducción del estrés y el bienestar general.

Harvard Health advierte que no todos los dolores de cuello son benignos. Se debe consultar de inmediato a un profesional si el dolor se irradia hacia los brazos o la espalda, aparece debilidad o entumecimiento en extremidades, fiebre persistente, pérdida de peso involuntaria o un dolor intenso que no cede con medidas habituales.

En la mayoría de los casos, el tratamiento es conservador e incluye corrección postural, ejercicios suaves de estiramiento y la aplicación localizada de calor o frío. En situaciones más persistentes, la fisioterapia supervisada puede ser una herramienta clave.

Los especialistas coinciden en que el dolor de cuello no es un simple malestar pasajero: puede condicionar el rendimiento laboral, la vida familiar y el bienestar emocional. Adoptar hábitos saludables y prestar atención a las señales del cuerpo permite reducir recaídas y mantener una buena calidad de vida a largo plazo.

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