El Destripador de Yorkshire: la captura casual del asesino serial que aterrorizó a Inglaterra durante cinco años

Con el paso de los años, el sargento Bob Ring contaría la historia como si fuera una escena de comedia: él y el agente Robert Hides habían capturado al criminal más buscado del Reino Unido sin saber quién era. Peter Sutcliffe fue detenido la noche del 2 de enero de 1981 por una infracción menor. Su camión estaba estacionado en la entrada de un camino privado, en una zona roja del norte de Inglaterra, a unos 250 kilómetros de Londres. Las patentes estaban mal colocadas y eso bastó para llevarlo a la comisaría como sospechoso de robo automotor.

Lo que los agentes no vieron fue que, mientras revisaban el vehículo, Sutcliffe arrojaba por la ventanilla un martillo y un destornillador hacia una pila de hojas secas. Dejaron ir a la mujer que lo acompañaba y trasladaron al conductor a la seccional. Parecía un procedimiento rutinario.

Todo cambió al ingresar a la comisaría. Ring y Hides comenzaron a alternar la mirada entre el rostro del detenido y un retrato robot colgado en la pared. El parecido era innegable. El presunto ladrón coincidía con la imagen del “Destripador de Yorkshire”, el asesino serial que había sembrado el terror durante más de cinco años. Interrogado, Sutcliffe negó los crímenes en un primer momento, pero luego empezó a confesarlos uno por uno. Dijo que mataba por mandato divino: “la voz de Dios” le había encomendado la misión.

Según su relato, todo había comenzado años antes, mientras trabajaba como sepulturero en el cementerio de Bingley. Allí escuchó una voz que surgía de una tumba abandonada y que con el tiempo se volvió persistente. Primero lo tranquilizaba, luego lo halagaba y finalmente le ordenó “limpiar el mundo de prostitutas” de manera terrorífica y ejemplificadora.

En octubre de 1975 comenzó su raid criminal. Durante seis años asesinó al menos a 13 mujeres y atacó brutalmente a otras siete. Su modus operandi era reiterado: merodeaba zonas de prostitución con su camión, golpeaba a las víctimas hasta dejarlas inconscientes y luego las mutilaba con una violencia extrema. Utilizaba martillos, destornilladores, cuchillos comunes y sierras metálicas. La comparación con Jack el Destripador fue inevitable, aunque sus métodos eran mucho más toscos.

La primera víctima fue Wilma McCann, asesinada en Leeds en octubre de 1975. Le siguieron Emily Jackson y al menos once mujeres más. En algunas autopsias se registraron decenas de puñaladas. A pesar de la magnitud de los crímenes, Sutcliffe logró eludir a la policía durante años. La investigación incluyó más de 130.000 entrevistas, la revisión de 150.000 vehículos y miles de allanamientos, sin resultados.

Décadas más tarde, varios investigadores admitirían que los prejuicios de la época influyeron de forma decisiva: muchos asesinatos de prostitutas no fueron tratados con la urgencia necesaria. En una ocasión, Sutcliffe fue interrogado como sospechoso y nadie notó que llevaba el mismo tipo de botas cuya huella había sido hallada en la escena de un crimen.

Tras su confesión voluntaria, fue condenado a cadena perpetua en mayo de 1981. Pasó por la prisión de Parkhurst y luego fue trasladado al hospital psiquiátrico de Broadmoor, donde permaneció recluido hasta su muerte en noviembre de 2020 por coronavirus. El Tribunal Supremo británico rechazó todas sus apelaciones.

Con su muerte también se cerró la posibilidad de esclarecer otros crímenes. Investigadores británicos y suecos sospecharon que pudo haber asesinado mujeres en Suecia durante viajes realizados como camionero en los años ’80, hipótesis que nunca pudo confirmarse.

En 2020, la serie documental El destripador de Yorkshire reavivó el caso y expuso las fallas estructurales de la investigación policial. A través de testimonios de familiares y sobrevivientes, dejó en evidencia que la captura de uno de los asesinos seriales más temidos del Reino Unido no fue el resultado de una gran pesquisa, sino de un control de tránsito tan azaroso como decisivo.