La increíble historia del ladrón argentino que le robó la Copa del Mundo a Brasil

La reliquia más codiciada por los futboleros fue variando a lo largo del tiempo: el trofeo conquistado por aquellas selecciones que lograran consagrarse en la Copa del Mundo se denominó Jules Rimet Brasil fue el primer elenco que pudo colocarlo en sus vitrinas gracias que lo levantó en tres ocasiones. Sin embargo, un robo perpetrado por un argentino provocó zozobra y generó que una nación entera se paralizara para buscar la estatuilla.

La primera edición de la máxima competencia internacional se desarrolló en 1930 en Uruguay. Para aquella cita, el entonces presidente de la FIFA Jules Rimet ideó un galardón basado en la diosa griega Nike, que tenía sus alas abiertas y los brazos sosteniendo al premio de forma octogonal. El material era de oro puro, y con el objetivo de evitar robos, fue resguardada; los combinados nacionales que consiguieran el campeonato recibían una réplica similar.

Ya en 1966, poco antes del inicio del torneo que se disputaría en Inglaterra, se produjo el primer hecho delictivo. Sorpresivamente, el trofeo se desvaneció cuando estaba guardado en una bóveda en un banco de Londres. Increíblemente, y cuando Scotland Yard había montado un operativo sin precedentes, un perro -llamado Pickles- logró encontrarlo gracias a su agudizado sentido del olfato: el can estaba paseando junto a su dueño cuando halló la Copa entre los arbustos. Poco después, un directivo de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) se animó a chicanear a los europeos.

“Eso en nuestro país nunca hubiera ocurrido. Incluso los ladrones consideran a la Jules Rimet como sagrada y llevársela habría sido un sacrilegio”, sostuvo el alto mando del ente rector. Sin embargo, el karma volvería a atacar una vez más y el galardón original sería víctima de un nuevo robo, con Sudamérica como epicentro. Ocurre que el Scratch, con Pelé como principal estandarte, ganó la competición en 1970 y, tras triunfar en las ediciones de 1958 y 1962, recibió el trofeo original.

Pelé levantó la Copa tras ganar el Mundial de 1970. (Foto: AP)

Pelé levantó la Copa tras ganar el Mundial de 1970. (Foto: AP)

Es lo que había dispuesto la FIFA en aquellos años: la federación que ganara el Mundial en tres oportunidades tenía el derecho de quedarse con el trofeo Jules Rimet. Y fue el caso de Brasil tras consagrarse en México 70. Con el nuevo trofeo en disputa, la Copa Mundial de la FIFA que entró en juego desde Alemania 1974, se eliminó dicha particularidad: el campeón tiene el original por un tiempo, lo devuelve y a cambio recibe una réplica.

El robo de la Copa del Mundo

El Trofeo Jules Rimet fue originalmente llamado Victoria, y recibió la nueva denominación en 1946. Diseñado por Abel Lafleur y hecho de plata esterlina enchapada en oro con una base azul de malaquita, medía 35 centímetros de altura y pesaba 3.8 kilos.

El 3 de diciembre de 1983, más de una década después del logro deportivo más trascendente de la historia de Brasil, el cofre blindado que estaba ubicado en la Confederación apareció completamente vacío, sin rastros de la presencia del premio. Aun así, el rumor que se venía propagando en las calles acabó haciendo explotar a todos los cariocas: aquel galardón estaba en manos de un desconocido argentino.

El principal ideólogo del hecho fue Juan Carlos Hernández, un joven joyero que solía fundir y vender oro robado. Los dos ladrones que sustrajeron la Copa -José Luiz Vieira “Bigote” y Francisco Rocha “Barba”-, oriundos de Brasil, fueron apresados por la Policía y decidieron delatar al autor material. Miguel Murillo, que se desempeñaba como detective, fue designado para el caso y pudo detenerlo.

El trofeo estaba guardado en las vitrinas de la Confederación Brasileña. (FOTO: AP / Max Nash)
El trofeo estaba guardado en las vitrinas de la Confederación Brasileña. (FOTO: AP / Max Nash)

“Lo interrogué por varias horas. Se notaba que era alguien muy astuto, muy hábil para esta clase de procedimientos. En todo momento fingía que no sabía nada; en su rostro se dibujó una sonrisa cuando le dije que para nosotros era una bofetada que un argentino hubiese convertido el trofeo en un lingote de oro”, detalló, años después, el gran héroe de la historia.

Más allá de que Hernández advirtió, en reiteradas ocasiones, que él no había tenido nada que ver con el delito en cuestión, la Justicia lo condenó culpable en febrero de 1984 y acabó en la cárcel. El modus operandi había sido simple: los delincuentes entraron a la fuerza, redujeron a los agentes y forzaron la caja con una palanca.

La Jules Rimet, por otra parte, nunca pudo ser recuperada ya que los investigadores especularon que había sido fundida. Por ese motivo, La Confederación Brasileña de Fútbol mandó a hacer una réplica que conserva hasta el día de hoy. /TN