No más lágrimas: 3 trucos (infalibles) para cortar cebolla sin llorar

No más lágrimas: 3 trucos (infalibles) para cortar cebolla sin llorar

Si cortar una cebolla presenta un problema y unas ganas incontrolables de llorar, en esta nota te dejamos tres trucos para evitar que eso pase.

No más lágrimas: 3 trucos (infalibles) para cortar cebolla sin llorar

La cebolla es un ingrediente infaltable de la cocina tradicional. Ya sea frita, asada, al horno, cruda o incluso hervida es un componente muy rico y que enaltece cualquier plato a la hora de cocinar.

Pero hay una cuestión que está presente en toda cocción con cebollas: llorar al cortarlas. Mientras que muchas personas desarrollan una cierta inmunidad al hacerlo y no se les cae ni una lágrima, muchas otras continúan inmersas en un mar de lágrimas mientras las cortan.

Por eso, existen tres infalibles trucos que evitan derramar lágrimas innecesarias mientras se corta la cebolla de cara a la preparación de un plato. Uno de ellos es usar un cuchillo bien afilado.

Un cuchillo sin filo tiene más probabilidades de hacer un corte áspero y que se liberen los compuestos de azufre que son, al fin y al cabo, los que hacen que se irriten los ojos. Por eso, un cuchillo bien filoso evitaría que esto suceda al ser un corte más limpio.

No más lágrimas: 3 trucos (infalibles) para cortar cebolla sin llorar

Otra forma de evitar llorar al cortarlas es congelarlas por media hora. Conforme a un artículo de la Universidad de Nebraska-Lincoln, el frío fuerte retrasa la actividad de las enzimas que son las que derivan en las lágrimas incontrolables en el cortado.

Por último, otro consejo muy útil es que nunca queden los cortes expuestos. Una vez que la cebolla es cortada a la mitad hay que darlas vuelta inmediatamente y luego de que se termine de picar o cortar esa mitad, hay que dejarlo en un lugar lejano mientras se procede con la mitad siguiente.

No más lágrimas: 3 trucos (infalibles) para cortar cebolla sin llorar

Existen otros consejos como cortar las cebollas mientras están sumergidas, encender una vela mientras se cortan o masticar un chicle pero no hay evidencia de que tengan resultados reales.