Cuál es el país donde teñirse el pelo, tener sucio el auto y decir “Covid” está prohibido

Entre la lista de datos curiosos, se encuentra que uno de los presidentes cambió el nombre de un mes del año por el de su mamá; está ubicado en Asia Central

En uno de tantos rincones de Asia se esconde el país más radical del mundo, aquel en el que está prohibido el uso de la palabra coronavirus, lucir barba si tenés menos de 40 años, cambiarle el nombre a un caballo, conducir un vehículo sucio o comprar un paquete de tabaco.

¿Podría vivir bajo estas y otras cohibiciones? Turkmenistán está ubicado en Asia Central y es la menos poblada entre las antiguas repúblicas soviéticas de dicho continente. De igual manera, es considerado uno de los países menos democráticos del mundo, dado que The Economist lo ubicó en el puesto 162 de 167, por debajo de Arabia Saudí o de Libia.

También es la nación peor posicionada, según su reporte de índice de democracia. Desde 1991, Turkmenistán contó con el mandato de tres presidentes: Saparmyrat NyýazowGurbanguly Berdimuhamedow y el actual mandatario, Serdar Berdimuhamedow.

Saparmyrat Nyýazow (1940-2006), ocupó la presidencia de Turkmenistán de 1985 al 2006
Saparmyrat Nyýazow (1940-2006), ocupó la presidencia de Turkmenistán de 1985 al 2006

No obstante, dos de los tres presidentes impusieron cultos a su personalidad y decisiones exageradas, como la que se mencionó anteriormente sobre prohibir la palabra coronavirus. Además, declararon la neutralidad perpetua del país, reconocida por la ONU desde 1995, según Reporteros sin Fronteras.

Las exageradas prohibiciones en Turkmenistán

En 2020, los habitantes de la provincia de Lebap se toparon con la sorpresa de que ya no podrían teñirse el pelo de negro para ocultar las canas, ya que el presidente Gurbanguly Berdimuhamedow había dejado de hacerlo y, al contrario, las lucía con tranquilidad, mensaje que fue claro para los súbditos, quienes debían seguir su ejemplo.

En el mismo año, cuando recién yacía la pandemia que paralizó al mundo, especialmente a la población de este continente, el entonces presidente Gurbanguly Berdymukhamedov tomó la decisión de combatir la pandemia eliminando la palabra “coronavirus” para siempre, por lo que quedó prohibido referirse al tema o mencionar el concepto.

Según denunciaron varios corresponsales de las emisoras Radio Free Europe y Radio Liberty, “aquellos periodistas que hablaron de la pandemia fueron retirados por la Policía”. Del mismo modo, detuvieron a todo aquel que fuera visto o vista usando tapabocas en la calle y quienes involucraron a la pandemia en sus temas de conversación.

Asjabad, la capital de Turkmenistán

Ese año fue uno de los más críticos para los medios de comunicación, ya que diferentes periodistas y reporteros no pudieron informar ni dar primicias de lo que sucedía allí y en el resto del mundo con base al covid-19.

A partir de entonces, Reporteros sin fronteras catalogó a Turkmenistán como el peor país para la libertad de prensa, además de ser un país sin compasión con sus habitantes por haberlos puesto en riesgo ante la emergencia sanitaria.

Turkmenistán, un país regido por la dictadura

En dicho país, los medios de comunicación, la información, la prensa y el derecho a la información son vistos con el mismo rango de riesgo y peligrosidad que las armas de fuego y el consumo de drogas ilícitas. El dictador turkmeno Gurbanguly Berdimuhamedov, desde su mandato, no quiso ningún tipo de informadores ni información independiente.

Por ello, en la aduana existía un listado de mercancías prohibidas, al mismo nivel de exposición de armas y drogas. Asimismo, se le suman otros objetos considerados iguales de peligrosos, como medios de información y ediciones impresas, drones y sistemas de comunicación.

Por otro lado, los turistas que han ido con el anhelo a solicitar la visa para visitar Turkmenistán son rechazados eventualmente, puesto que cada petición que llega a la embajada local es investigada con mucho rigor para evitar que se cuele algún informante indeseado para el dictador. Esto refleja la dificultad de acceder como turista a ese país.

Ashgabat, la capital de Turkmenistán, dio la sorpresa en el ránking, al ubicarse como la séptima ciudad más cara del mundo para los expatriados
Ashgabat, la capital de Turkmenistán, dio la sorpresa en el ránking, al ubicarse como la séptima ciudad más cara del mundo para los expatriados

La desgracia que a diario viven los turkmenos ha estado patrocinada por los dos dictadores más sanguinarios y excéntricos de la historia del país, tal y como la ejerció su primer presidente, Saparmurat Niyazov, quien fue líder de la Unión Soviética y, además, declaró la independencia de Turkmenistán en 1991, fecha en la que inició su mandato.

De hecho, la arrogancia de Saparmurat Niyazov lo llevó a escribir el libro llamado Ruhnama, en el que interpretó el Corán, un libro sagrado del islam. Dicha lectura no solo fue obligatoria en los colegios y universidades del país, sino que la gente todavía debe superar un test Ruhnama para obtener un empleo público o el permiso de conducir.

Enceguecido por el poder, Niyazov se autonombró como Turkmenbashi, que significa el “líder de todos los turkmenos”. Del mismo modo, se sintió con la autoridad de cambiar la denominación de los meses del año, reemplazándolos por nombres de símbolos locales y héroes nacionales, incluyendo el de su propia madre, Gurbansoltan (abril), el Ruhnama (septiembre) y Turkmenbashi, es decir, él mismo, (enero), comentó Reporteros sin Fronteras en uno de sus informes.

Luego de su fallecimiento en el 2006, el trono dictador le fue otorgado a Gurbanguly Berdimuhamedov, quien dirigió el país por la misma línea autoritaria a la de Niyazov, solo que con un toque más personalizado y arraigado a su estilo, siendo igual de insensible, incomprensible y tirano.