Bullying escolar: en Rosario se rodó la primera película argentina sobre el acoso en el colegio

Arístides Álvarez daba una charla sobre acoso escolar en un pueblo, cuando un nene se acercó y le habló al oído. “A mí me dicen gordo mondongo”, le contó. El docente, fundador de la ONG “Si nos reímos, nos reímos todos” paró la charla y lo hizo público: “Acá el amigo me dice que le dicen gordo mondongo y a él no le gusta”. Otro pibe levantó la mano. “¿Sabe por qué le dicen así? Se lo puso la Jenny”, fueron las palabras que lanzó, para sorpresa de la directora de la escuela y el jefe comunal. Es que la Jenny era la profesora de educación física, que no estaba en la actividad. “Todos tenemos que rever nuestras actitudes, como docentes, como padres de familia, como compañeros. Todos nos vemos involucrados en estas cuestiones, que debemos dejar de naturalizar y conversar”, dice Arístides.

Para eso espera que sirva la película “3 de 10”, que dirige el rosarino Fernando Foulques, filmada en el complejo Gurruchaga de Rosario, con historias de acoso escolar. La ficción será una herramienta para debatir sobre algo que se menciona mucho, pero se aborda poco.

¿Por qué “3 de 10”? “El título lo puso el director y refiere a una estadística de Unicef: tres de cada diez niños y adolescentes, manifestaron que en su tránsito por la escuela fueron acosados, maltratados, discriminados. Y ese número coincide con el último censo escolar que hay en la Argentina. Allí tres de diez contaron que lo habían sufrido, y siete de cada diez habían presenciado una situación y no hicieron nada”, cuenta Álvarez.

La película la dirige el rosarino Fernando Foulques y se filmó en el complejo Gurruchaga de Rosario

La película la dirige el rosarino Fernando Foulques y se filmó en el complejo Gurruchaga de Rosario

Álvarez empezó a interesarse en lo que se suele llamar bullying cuando asumió la dirección del Instituto secundario Zona Oeste, de la ciudad de Rosario, hace doce años. “Me involucré con el grooming, el cyberbullying, todos términos en inglés, pero que tienen que ver con el acoso escolar, y el acoso virtual”, refiere el docente sobre la realidad que encontró en la escuela. Empezó la tarea de crear conciencia, intervenir para modificar la realidad. “Ahí entendí que solo no podía. Quienes más me acompañaron inicialmente fueron los alumnos. Algunos hacían rap, otros tocaban la guitarra y me acompañaban. Pero los pibes llegan y se van de la escuela, por eso, hace siete años surgió la idea de hacer la ONG y hace cuatro que tenemos la personería jurídica” sigue el relato. Hoy cuentan con comisiones de educación, salud y legales. Sigue al frente de “Si nos reímos, nos reímos todos”, aunque el año pasado se jubiló después de 35 años en la docencia.

Aunque Álvarez no quiere adelantar mucho, para que no haya spoilers, cuenta que la película rodada en la Gurruchaga -el complejo educativo rosarino de Salta y Cafferata- retrata la vida cotidiana de una escuela.

La película nació de una confluencia de ideas. Desde hace mucho tiempo querían encontrar una expresión artística para generar reflexión sobre el tema. Pensaban en una obra de teatro, o un cortometraje. Habían visto algunas producciones extranjeras, pero no les gustaba el abordaje. La propuesta encontraba un eco relativo. Fernando no sólo la aceptó, sino que en enero de este año lo llamó y le dijo: “Vamos a hacer un largometraje de 60 minutos como mínimo, para participar en festivales y llevarlo por todo el país”.

Foulques empezó a trabajar a toda velocidad. Entre abril y mayo tenía el esqueleto de un guión, tomado de las historias que le habían contado en el grupo de WhatsApp de la ONG, que colaboró con la escritura. Hicieron el cásting y rodaron en la Gurruchaga. Actualmente, están en la etapa de edición, con el objetivo de estrenarla antes de fin de año. Hasta el Ministerio de Educación de Nación se interesó por la propuesta.

El bullying se suele naturalizar a pesar de que detrás hay un niño que sufre.

El bullying se suele naturalizar a pesar de que detrás hay un niño que sufre.

Foulques es cineasta, músico y docente, así que sabe de qué se trata. Se especializó en nuevas tecnologías de la información y la comunicación en educación y dirige el Grupo Foulques Audiovisuales. Coordina la plataforma de streaming www.enprimerafila.com.ar y dirigió “El camino del elefante”, largometraje declarado de interés municipal en el 2018.

El largometraje es el primero que se realiza en la Argentina para abordar el acoso escolar y Álvarez sueña con que se vea, y se debata, en las escuelas. “Hablando con la gente de Nación me decían que les parecía muy bueno, porque no hay material y siempre hay que recurrir a películas extranjeras, que no tienen nada que ver, porque se dan en otro contexto. No hay mucho material latinoamericano, sólo algo en México. En cambio, esta es una película argenta, los pibes hablan como hablan los pibes”, sigue entusiasmado con la propuesta.

“Para que se dé el bullying, lamentablemente, tiene que haber una reacción de los adultos, lo que llamamos un silencio pedagógico. En esta película, nosotros lo trabajamos sin culpar a nadie, no hay víctima ni victimario, son situaciones que van sucediendo y cuestionamos que estén naturalizadas. No hay culpables ni inocentes, sino una compleja problemática social. Lo que siempre hay es un chico que sufre”, precisa Álvarez.

Está convencido de la necesidad de “resolver estos conflictos cuando suceden, en el momento, en que suceden, porque esas personas que fueron acosadas, maltratadas en su niñez o adolescencia, después tienen la autoestima baja, pueden ser víctimas de acoso laboral en el futuro. Lo peor que podemos hacer es naturalizar el acoso, decir que son cosas de chicos, corrernos, pensar que va a pasar, o que les pasa eso porque no se saben defender, o el mensaje violento de ‘si te jode pegale una piña’”.

Aunque Álvarez no quiere adelantar mucho, para que no haya spoilers, cuenta que la película rodada en la Gurruchaga -el complejo educativo rosarino de Salta y Cafferata- retrata la vida cotidiana de una escuela. “Son historias de chicos que sufren acoso, varones y mujeres, alumnos de un colegio secundario de ficción, del último año. Hay protagonistas con todos los roles, el director, la preceptora, el tutor, la docente y los alumnos. Están todas las personas que participan en una comunidad educativa, los padres, también. Lo que quisimos fue demostrar lo que pasa, sin juzgar, dejar lugar a la interpretación. La idea es que sea una herramienta para debatir sobre este tema que nos atraviesa a todos”, resume.