Su madre los abandonó, se criaron separados y descubrieron que eran hermanos hace sólo dos semanas

Como quien avisa y no traiciona, Georgina Castañeda atiende el teléfono y advierte que su historia no es difícil de entender pero sí compleja de narrar. Hay un silencio. Se oyen sus pensamientos. Regresa a la conversación y confiesa: “Mi mamá me abandonó cuando tenía un año y ocho meses. Lo hizo conmigo y con cuatro hermanos más”.

Semejante revelación vuelve a quebrarle la voz, pero no la derrumba. A pesar de aquello se escucha una mujer feliz. “El fin de semana pasado conocí a dos de ellos, de quienes desconocía su existencia. La verdad es que no lo puedo creer, estoy muy emocionada”, dice en diálogo con TN.com.ar.

La mujer de 40 años es oriunda de Villa María, provincia de Córdoba, y se presenta como hija de Magdalena Matilde Martino y Juan de Dios Castañeda. “Era bebé y mi mamá se fue a Córdoba Capital a llevar a Olga, mi hermana más chica, que supuestamente había nacido con problemas en la vista. Me dejó con una mujer que era su amiga. Le pidió que me tuviera unos días, pero jamás regresó. Esa mujer se transformó en mi mamá de crianza”, cuenta.

Martino también abandonó en aquel viaje a Marcelo, dos años más grande que Georgina, que se crió con otra familia. “Mi papá viajó a Córdoba a buscarla. En realidad fue a encontrar a mi hermanita. Allí se enteró que estaba en el Hospital de Niños y que un juzgado había dictaminado darla en adopción. Mi papá vivía de changas, no podía conmigo ni con mi hermano, era muy humilde. Entonces la dejó”, explica Castañeda.


Georgina, junto a Marcelo y Juan de Dios, su padre (Foto: Georgina Castañeda).

“Yo los viernes y sábados tenía contacto con Marcelo, mi papá nos venía a buscar. Cuando crecimos nos contaron que previamente mi mamá había abandonado a Martín, su primer hijo, cuatro años mayor que yo. Lo conocí cuando tenía entre 7 y 9 años, no recuerdo bien. Ese día tocó la puerta de mi casa y dijo que era mi hermano”, rememora.

Georgina supo de grande que cuando tenía cuatro años su mama biológica regresó a Villa María y que rápidamente volvió a irse. “Un día encontré, entre medio de muchos papeles, la partida de nacimiento de mi hermana menor: Olga de las Mercedes Castañeda. Estaba mi certificado de nacimiento también. Así que decidí publicarlo en un grupo de Facebook llamado ‘¿Dónde Estás?’. Tenía como objetivo era encontrar a mi mamá”, indica.

A Castañeda le respondieron con rapidez pero sin especificaciones: “Está en Jesús María”. Sin embargo, pocos meses después un hombre llamado Guillermo la contactó: “Me dijo que había encontrado a otra hermana, Jessica, y me dejaba su teléfono. La llamé y cuando hablamos vivimos un estado de nervios. Yo desconocía su existencia y ella pensó toda la vida que era hija única”.

Aquel día almorzaron fideos y pasaron la tarde junto al resto de las familias (Foto: Georgina Castañeda).

Jessica respondía que no, que no podía ser, que se crió con quien Georgina decía y que no había habido ningún otro hermano en aquellos años. “Entonces le respondí que le preguntara, que me llevara hasta ella y habláramos. Pero me dijo que falleció en 2018 de manera repentina. Estaba bien, se enfermó y se fue”, sostiene Castañeda.

Entre charlas, búsquedas, anécdotas y otros contactos continuaron los descubrimientos. Olga había muerto en 2022 con tan solo 20 años. Y Jessica no era la última hermana. “También tuvo a Leo. Se lo dejó a una amiga para que lo criaran y Jessica se enteró en 2017. Por eso digo que ella pensaba que era hija única, mi mamá incluso teniéndola no se lo hizo saber”, cuenta Georgina.

Jessica y Leo viven en Mar del Plata, a 20 cuadras de distancia. Con toda la información sobre la mesa, Castañeda prometió juntar a los hermanos. Y lo hizo. La reunión se llevó a cabo el fin de semana pasado en La Feliz. Georgina viajó junto a Facundo, su marido, y allí pudo conocer a sus hermanos menores y reencontrarse con Marcelo, que vive en Buenos Aires y se trasladó en micro para ser parte de tal acontecimiento. A Martín, el único hermano que no estuvo, le perdieron el rastro hace tiempo.

“Pude armar esta historia gracias a mi mamá de crianza, que falleció en septiembre de 2019. De mi mamá biológica no sé qué decir. Nunca la pude comprender, jamás dejaría a mis hijos. Ella rehízo su vida en varias oportunidades y le hizo creer a Jessica que no tenía hermanos. Me quedaron muchas para preguntarle. Aún así me hubiese gustado conocerla”, confiesa Georgina.

Y continúa: “Mi historia se vuelve a repetir. Yo soy madre soltera de mi hija Delfina. El papá se fue cuando yo tenía 20 años y no volvió. La crié durante seis sola, hasta que conocí a Facundo, que en ese entonces tenía 27, era viudo, y también tenía dos hijos: Pablo y Luana. Criamos a nuestros hijos como propios y hoy somos una familia. Yo no los abandoné, me quedé”.

Georgina concluye: “Antes de morir, mi mamá le dijo a Jessica que buscara a sus hermanos. Por eso encontró a Leo. Hoy tengo 40, y cuando era chica ser hija de padres separados era una vergüenza. Hoy tengo la tranquilidad de haberlos encontrado, porque la identidad es un derecho y precisamos saber nuestros orígenes. No soy nadie para perdonar o juzgar, creo que ha tenido sus cosas y que no estaba en su sano juicio, pero nadie en el mundo va dejando hijos desparramados por ahí”. /TN