Estas son las consecuencias de imponer demasiados límites a tus hijos

Establecer límites saludables es necesario, no solo para mantener una convivencia deseable en el hogar, también para que los niños sean capaces de desenvolverse con éxito en sociedad. No obstante, introducir demasiadas reglas en la vida cotidiana de los pequeños puede provocar problemas de autoestima y faltas de respeto hacia ellos mismos y los demás. Algo que también ocurre cuando las reglas escasean.

Aunque aludir al sentido común es algo que puede ayudar a sentar reglas de forma equilibrada, son los propios pequeños quienes pueden dar pistas de si los límites marcados funcionan. “Existen algunos síntomas que pueden alertar de que el niño está sometido a demasiadas reglas. Por ejemplo, si está muy nervioso o alterado la mayor parte del tiempo, llegando a tener conductas compulsivas como repeticiones continuas de un gesto. También si se muestra bloqueado, no responde a menos que obtenga el visto bueno de los padres o está irritado la mayor parte del tiempo. Cuando se observa alguno de estos comportamientos conviene revisar la “política” de límites porque quizá haya que flexibilizarla un poco”, explica Sonia Martínez, psicóloga infantil en los centros Crece Bien.

Límites sí, pero pocos y claros

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Establecer límites saludables ayuda a desarrollar actitudes como la paciencia y la responsabilidad individual Getty Images/iStockphoto

Las normas no se imponen por capricho. Tampoco por las preferencias individuales de los padres. Su objetivo es que los niños aprendan a desenvolverse con seguridad e identifiquen su entorno como estable. Además, establecer límites saludables ayuda a desarrollar actitudes como la paciencia y la repercusión que tienen sus actos sobre ellos mismos y los demás. “La psicología evolutiva indica que los límites y las normas son necesarios cuando se trata de educar a los más pequeños. Les permite entender aquello que es adecuado en cada momento. También aprender a frustrarse y orientarse en el complejo mundo social desarrollando sus habilidades socioemocionales a la vez que adquieren valores y respeto hacia los demás”, comparte Solbes.

El cambio de paradigma en la educación, más respetuosa y positiva, provoca en ocasiones, malos entendidos respecto a las normas, por asociarlas con el modelo impositivo de décadas anteriores. “Cuando los padres y madres son excesivamente permisivos, no introducen ningún tipo de límites a sus hijas o hijos (porque creen que no es necesario, que los adquirirán solos con el tiempo o que les pueden producir sufrimiento), están cometiendo una negligencia. De esta forma no permiten que su descendencia adquiera la capacidad necesaria para desarrollarse en sociedad, lo que implica el autocontrol y disciplina. Algo que no se debe entender como autoritarismo sino como adquisición de normas que rigen la convivencia en la familia, con los iguales, en la escuela, …”, aclara Solbes.

A photograph of a little boy being disciplined.  An angry child stares back in anger and defiance as he is being disciplined.  The finger of an adult is pointing directly at him.
La imposición de normas sin control no ayuda al desarrollo afectivo de los niños Getty Images

En el extremo contrario se sitúa la imposición de normas sin control, muchas de las cuales escapan a la lógica. “El problema de los límites es cómo se aplican y explican. La forma antigua de aplicar los límites (imponiendo muchas normas estrictas, sin ningún tipo de afecto o explicación) no es buena para el desarrollo afectivo y social de los más pequeños”, continúa.

Pautas

¿Qué tipo de normas no ayudan a los niños?

Si se tiene la sospecha de que la educación se está desarrollando con demasiadas restricciones, conviene analizar la política de normas infantiles y la forma en que se introducen. Repasamos las señales que indican los límites que sobran para un desarrollo saludable.

Spoiled kid does not want to eat his diner with vegetables

Evitar que expresen sus emociones

Para un óptimo desarrollo emocional es importante que el niño exprese aquello que siente. También el enfado, la rabia, la frustración o la tristeza, que suelen mostrar a través del llanto. “Nunca debe impedirse a una niña o niño expresar sus emociones porque esto se interpone con su desarrollo afectivo”, expone Solbes. El foco en estas circunstancias hay que ponerlo en la gestión de las más desagradables e intrusivas como la ira. Para ello, conviene compartir con ellos la forma adecuada de expresar las emociones Por ejemplo, cambiar los gritos o violencia por una comunicación asertiva. “Las emociones no son elegidas por el niño y si le prohibimos sentirlas… se volverá inseguro con ellas”, indica Martínez. Asimismo, la psicóloga aconseja no poner límites en el momento en el que el niño está desbordado por sus emociones: “Debemos esperar a que la carga emocional sea menor, porque si no, únicamente estaremos provocando mayor enfado o tristeza. Si un niño está muy alterado, podemos indicarle que elija un lugar para tranquilizarse si le ayuda, pero no castigarlo dejándolo solo. Y en cuanto al llanto, podemos ofrecerle un abrazo, un vaso de agua, dar una vuelta para que él mismo se pueda relajar”, añade.

Las normas y los límites ayudan a los niños a adquirir autocontrol, algo necesario en la vida

Poner límites a posteriori

Introducir un límite en plena crisis de comportamiento no resulta efectivo. Esta forma de actuar incide sobre la inseguridad de los niños. “Es decir, no le pongo límites o normas por regla general y sólo lo hago cuando ya ha hecho algo. Resulta más positivo establecer los límites a priori. Por supuesto, hay límites que se ponen a posteriori porque no se ha previsto una situación, pero no debería ser la forma de funcionamiento general”, sugiere Martínez.

Sad boy sits alone.

Negarles el cariño

Muchas de las etapas evolutivas de los niños están ligadas a comportamientos rebeldes para reafirmar su independencia, que desafían a la autoridad o persiguen la atención de formas poco ortodoxas. Pero esto no implica que los padres no se muestren cercanos cuando esto sucede. “No debemos negarles el cariño cuando sus conductas no son las adecuadas. Creerán que tu cariño es dependiente de cómo se comporte y que no es incondicional”, expone Martinez.

Father Hitting Young Daughter - domestic violence

Límites que no comprende

Aunque cuando son muy pequeños, los bebés no alcanzan a comprender el motivo de los límites, tan pronto como comienzan a adquirir el lenguaje se debe compartir con ellos las razones por las que se marcan las normas. Establecer reglas sin motivos, desarrolla una relación con los hijos autoritaria e impositiva. “Debemos tratar de comunicar las razones por las que algo es bueno o malo y por qué se delimitan las conductas que podemos hacer. De esta manera, poco a poco transitarán de un control externo (no hago algo porque si me pillan me castigan) hacia uno interno (no hago algo porque he comprendido que puedo hacer daño a los demás, que me puedo dañar a mí misma, o que tiene consecuencias negativas a largo plazo que debo sopesar)”, mantiene Solbes.

adolescente frustracion

Coerción y amenazas

El objetivo de las normas es ayudar a fijar el aprendizaje, pero cuando se establecen a través de amenazas o con malas formas no consiguen dicha meta ni resultan positivas para el desarrollo infantil. “En esos casos, los pequeños obedecen por presión, pero cuando esa figura de autoridad no esté presente, dejarán de “portarse bien” porque dependen de los demás para regular su conducta”, matiza Solbes.

Los niños necesitan normas y límites que les ayuden a comprender qué se espera de ellos

Vetar sus opiniones y gustos

En ocasiones, la falta de costumbre a que un niño exprese su propia opinión o que muestre desacuerdo con los mayores puede resultar incómodo para los adultos. No obstante, que los pequeños manifiesten su voluntad fomenta su autoestima y capacidad crítica. “Nunca debe impedirse a nadie que exprese su opinión, si lo ha hecho de una forma inadecuada conviene indicar que esa forma no es correcta y que existen otras alternativas respetuosas”, comparte Solbes.

​Los niños pueden pensar de forma diferente a un adulto, tener sus ideas y también sus gustos. “Estos deben respetarse, si no, no sabrán tomar buenas decisiones en el futuro, ni saber lo que les gusta o no, tendrán dudas cuando sean mayores. Por ejemplo, si eligen un juego para bebés, como adultos podemos indicarles que un juego está pensando para edades más tempranas o que suele ser un juego elegido más por niños pequeños, pero reafirmando que es su gusto y es único e independiente de la edad o sexo”, añade Martínez.

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Bloquear sus preguntas

La curiosidad forma parte de las habilidades necesarias para el desarrollo evolutivo del niño. “Preguntar es una herramienta básica de los seres humanos para aprender y conocer el mundo que nos rodea. Esto no quiere decir que debamos estar disponibles siempre para atender las dudas y preguntas de los pequeños. Las personas adultas también tienen vida y derecho a tener su propio espacio y tiempo”, mantiene Solbes. Cuando los niños preguntan en momentos inadecuados se les puede emplazar a otro espacio temporal. Según indica la profesora: “También se puede establecer un tiempo concreto para hablar de cosas que les inquietan cada día o sugerir que a partir de una edad busquen esta información por su cuenta de modo autónomo”.

foto XAVIER CERVERA 02/04/2020 dos ninos de primaria (6 anos) y secundaria (13 anos) hacen sus deberes encargados de manera telematica desde su colegio, en barcelona, donde tambien residen, confinados des del 13 marzo (usan la mesa del comedor) en su casa del guinardo por culpa del covid-19 (coronavirus)

Evitar que cometan errores

La experiencia demuestra que un código de reglas demasiado estricto resulta limitante en el desarrollo de los pequeños. “Una vía de aprendizaje muy importante es el error. Si no permitimos que experimenten por sí mismos las consecuencias de sus actos (siempre que sean seguras), les privamos de una experiencia que les permite crecer y enfrentarse a la complejidad de la vida y de las relaciones sociales”, indica Irene Solbes, doctora en Psicología Evolutiva de la Universidad Complutense de Madrid. De hecho, el aprendizaje que se obtiene a través de una equivocación es mucho mayor al de no hacer algo porque no es adecuado para las figuras de autoridad.

¿Cómo imponer límites saludables?

Las pedagogías más respetuosas como la disciplina positiva o la educación consciente insisten en la necesidad de las normas y los límites. Asimismo, ponen el foco en la metodología que se aplica para introducirlos. “Hacen hincapié en que debe ser conseguido a través del respeto mutuo, la empatía, la cooperación, y la comprensión de las razones por las que esos límites existen”, explica Solbes