Cuándo termina la pandemia: deadlines emocionales que dañan

Por qué es riesgoso fijar fechas límites para aspectos de la vida personal. “Confiemos en que las cosas se vayan desplegando a su tiempo”.

El reconocido psiquiatra y existencialista Viktor Frankl, creador de la logoterapia, cuenta que uno de los años en los cuales estaba en un campo de concentración nazi -estuvo 3 años en total- escuchó el rumor generalizado de que a fin de año los liberaban a todos.

Cientos de personas parecía que iban a regresar finalmente a sus casas luego de la larguísima y terrible experiencia del encierro y la degradación física y moral que habían padecido.

La mayoría de las personas se alegraron, pero entre quienes experimentaron esa esperanza hubo quienes se aferraron a “todo o nada” a ese “deadline”, que significa “tiempo límite”, y otros que mantuvieron un moderado gozo temiendo que las cosas finalmente no ocurrieran así.

Finalmente el rumor nunca se transformó en realidad. No hubo tal liberación y el campo de concentración siguió su rutina infrahumana como de costumbre en el nuevo año.

segundo año de pandemia

Pero he aquí el dato fuerte: dice Frankl que la mayoría de las personas que se habían sujetado desesperadamente a esta ilusión de la libertad, poco a poco fueron muriendo por distintas causas, enfermedades, desnutrición o lo que fuera. El fantasma de la muerte se instaló en ellos y nunca pudieron reponerse.

Para el psiquiatra, el cargar todo el sentido y la esperanza en una fecha que modificaría sus vidas fue su tragedia. A partir de allí, perdieron todo deseo de vivir.

El cargar todo el sentido y la esperanza en una fecha que modificaría sus vidas fue su tragedia. A partir de allí, perdieron todo deseo de vivir

Deadlines laborales y emocionales

En nuestra vida moderna este concepto de “deadline” o fecha límite es muy conocido: se utiliza en el ámbito corporativo para hablar de un período de ejecución de algo que necesita ser terminado en un día puntual, sin aplazos. Propone un tiempo en el cual podemos organizar nuestro trabajo como mejor nos plazca, siempre y cuando entreguemos en fecha los resultados del esfuerzo.

estres trabajo

Para muchas personas el deadline es un elemento organizador del trabajo y nos ayuda a planificar más ordenadamente los ritmos de nuestro acontecer diario. En tal sentido, armamos una “planificación mental” con día de finalización, es decir algo así como un “deadline mental” paralelo al operativo.

Propone un tiempo en el cual podemos organizar nuestro trabajo como mejor nos plazca, siempre y cuando entreguemos en fecha los resultados del esfuerzo

El problema es cuando empezamos a organizar nuestra vida personal y emocional de manera similar al trabajo: con deadlines emocionales, así lo bautizamos aquí.

En el caso del campo de concentración el efecto es brutal: al probable deadline operativo que se instaló en el ambiente, las personas “anexaron” un deadline emocional que podría traducirse en : “Hasta este día aguanto, ni un día más”, y todo el sentido se perdió posterior a esa fecha.

La frustración, la depresión y el abandono seguramente se comieron las últimas reservas inmunitarias de esas personas.

sindrome del quemado

El problema es cuando empezamos a organizar nuestra vida personal y emocional de manera similar al trabajo: con deadlines emocionales, así lo bautizamos aquí

Intención y propósito en lugar de rígidas fechas

Cuando hablamos de nuestra vida emocional, de los procesos más subjetivos, no es bueno ponernos deadlines.

  • “En este mes necesito olvidarme de Julieta y poder conocer a otra persona”, puede decir un desamorado.
  • “Tengo que llenarme de entusiasmo para mis próximas vacaciones luego de este período pandémico”, dice un ilusionado trabajador que se encuentra agotado de tanta restricción covid.

Ambas actitudes son condicionantes. No podemos ni debemos pretender “decretar” sentirnos de tal o cual forma a nivel emocional. Tampoco deberíamos pretender que los demás se sientan de determinada manera con una rígida agenda en la mano.

“No tenés que llorar por esa lesión de la rodilla, a todos los deportistas les pasa que se lesionan alguna vez”, le dice el padre a su hijo recientemente quebrado jugando al fútbol. ¿Es que acaso está mal que éste llore, patalee y se maldiga por su mala suerte? ¿No es un proceso necesario en el camino a la recuperación?

Por eso en Mindfulness preferimos hablar de “intenciones” en lugar de rígidos objetivos con deadline. “Pongo mi intención de sentirme mejor pero soy paciente con los tiempos, con mis ritmos internos”, podríamos decir.

Una actitud que favorece el bienestar: no presionarnos con deadlines emocionales

mindfulnes

Confiar en los procesos internos

Si practicaste mindfulness, hay un concepto que seguramente escuchaste en las meditaciones: “confiemos en que las cosas se vayan desplegando a su tiempo”. Es habitual escucharlo en los maestros e instructores. ¿A qué hace referencia? Pues a no presionarnos con deadlines emocionales, con alcanzar determinados resultados en un lapso obsesivo y tirano de tiempo.

Aferrarse a “todo o nada” a un plazo clave puede generar frustración. Pues a no presionarnos con deadlines emocionales, con alcanzar determinados resultados en un lapso obsesivo y tirano de tiempo.

Esto se emparenta mucho con lo que llamamos “modo de ser”, que es el conjunto de actitudes que hace que nos relacionemos más contemplativamente con la realidad, en una danza amable donde nos modelamos al tiempo que actuamos, damos y recibimos, crecemos sin hacer y aprendemos el arte de la actividad silenciosa.

Encontrar ese ritmo interno y la gran capacidad para sintonizar con los ritmos de nuestro entorno, sin engancharnos con lo frenético de algunos ecosistemas, es el camino del practicante de mindfulness.

En nuestras clases recitamos los versos de Lao Tsé que abogan por ello:

“¿tTenes la paciencia para esperar a que el lodo se asiente y el agua se aclare?”

Procesos, no resultados. Camino, no autopista.

  • Por Martín Reynoso: es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de “Mindfulness, la meditación científica”.