Por la vuelta del tomate con gusto a tomate

Fernando Carrari es profesor Adjunto de la Cátedra de Genética e investigador Principal del CONICET en el IFIBYNE; Gustavo Schrauf es profesor Titular de la Cátedra de Genética y director del “Criadero Cultivos del Sur” de la Facultad de Agronomía de la UBA, e Ignacio Castro es alumno de la carrera de Agronomía y co-responsable de la ejecución de los ensayos en la estación experimental de Gorina del MDA-INTA.

Ellos son parte del equipo que trabaja en el “Rescate del tomate criollo” y en esta nota cuentan de qué se trata y por qué lo hacen.

-¿Cómo nació el proyecto de rescate del tomate criollo?

-Debido a que desde hace tiempo la “pérdida del sabor del tomate” nos ha llegado como una demanda insistente. Y aunque sabemos que gran parte de la pérdida del sabor se debe a la forma en que se produce-comercializa, consideramos que el mejoramiento genético alguna responsabilidad tiene sobre esa pérdida. Dentro de la Cátedra de Genética y el Criadero “Cultivos del Sur” de la Fauba se desarrollan diferentes líneas de investigación y esta es una de ellas.

-¿Entonces?

-Un día Fernando Carrari apareció en la Cátedra con una enorme colección de semillas que en su mayoría eran de tomates cultivados a principios y mediados del siglo pasado en la Argentina y ahí todos pensamos que estaba la posibilidad de recuperar “el sabor perdido”. Estas semillas provenían de diferentes bancos de germoplasma, de Estados Unidos y Alemania, donde habían sido guardadas y multiplicadas durante varios años: la falta de sabores diferentes en los frutos también va acompañada de falta de diversidad en otros caracteres importantes para el cultivo y producción de esta hortaliza y recuperar el acervo genético podía ser un buen punto de partida.

-¿En qué consiste específicamente esta recuperación de tomates antiguos?

-En multiplicar esas semillas para evitar la pérdida de esa diversidad y luego, en una segunda instancia, hacerla circular nuevamente por los diferentes espacios productivos como quintas, huertas comunitarias o instituciones públicas con el fin de intercambiar con ellos información sobre estas variedades otorgadas.

-¿Y así se va a recuperar ese sabor que todos conocemos del tomate?

-Esta colección de materiales genéticos es en su mayoría de materiales que fueron coleccionados en huertas y campos de productores en un momento histórico anterior al establecimiento de tecnologías asociadas a la horticultura moderna (invernaderos, fertilizantes, uso intenso de fitosanitarios e híbridos). Estos materiales fueron multiplicados en el campo experimental de la FAUBA y se realizó una masiva prueba de degustación de la colección en la feria del Productor al Consumidor de la FAUBA, donde más de 600 personas participaron de la prueba. Y la conclusión fue que muchos de los materiales “antiguos” fueron los que más gustaron, con lo que se corroboró el alto valor de estos materiales en relación al sabor.

-¿Estos tomates, tienen distintas propiedades nutritivas o distintos usos?

-Nosotros creemos que sí y algunas de estas hipótesis están siendo puestas a prueba ahora. Por investigaciones propias y de algunos otros grupos que trabajan en lo mismo, sabemos que el valor nutricional está muy influenciado por el ambiente donde las plantas son cultivadas. Como estos materiales fueron colectados en diversos lugares del país, muestran una enorme variación que creemos podría estar asociada a diferentes composiciones del fruto y consecuentemente distintas propiedades nutricionales. Respecto de los distintos usos, si bien la manera de producir hortalizas cambió radicalmente con el advenimiento de la tecnificación, estos materiales fueron colectados en diferentes años en distintas localidades del país. Es posible pensar que eran usados para diferentes propósitos, tales como consumo en fresco, salsa, desecado, etcétera.

-¿Este tema es importante para un productor? ¿O es más un tema cultural? (recuperar productos y saberes)

-Para un huertero que autoconsume ya tienen un valor importante los materiales antiguos porque tienen sabor. Y para un productor que comercializa en cercanía consideramos que también son materiales interesantes. Todavía no evaluamos (producto de la pandemia) la vida postcosecha de todos los materiales, pero pensamos que esa es una de las características a mejorar, así que quizás para un productor en lejanía no serían materiales elegibles.

-¿Y en cuanto al consumidor?

-En la Feria conocimos la intensa demanda de adquirir alimentos producidos sin agroquímicos, con lo que terminamos de definir que el Programa de Mejoramiento de Tomate tenía que ser participativo y que el papel de los productores hortícolas y de los huerteros urbanos y periurbanos podía ser mucho más que la de ser receptores de los materiales genéticos obtenidos. En nuestro Programa la conservación y evaluación de los materiales genéticos no quedan sólo en nuestras manos sino que al recibir las semillas acordamos con la mayoría de los receptores que deben multiplicarlos y deben enviarnos evaluaciones de los materiales a través de una plataforma digital que estamos construyendo que se denomina BIOLEFT, herramienta que nos facilitará un modo participativo de trabajar.

-¿En qué etapa del proyecto están?

-Inicialmente se evaluaron exploratoriamente y multiplicaron los materiales, posteriormente las semillas se distribuyeron entre productores hortícolas, huerteros y también entre grupos de investigación. Este año estamos realizando en el campo experimental de la FAUBA la multiplicación de los materiales originales de los bancos de germoplasma asegurándonos la autofecundación de cada planta. También se inició un ensayo en la Chacra Experimental de Gorina perteneciente al Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires, donde se está evaluando a las variedades bajo coberturas en similares condiciones productivas a las que se presentan en el cinturón hortícola de la ciudad de La Plata. Hasta el momento hemos tomado datos del crecimiento vegetativo de la planta, como también de su floración y cuajado. Próximamente iniciaremos con las primeras cosechas de las variedades, lo que nos será útil para construir las curvas de rendimiento con el fin de identificar los picos de producción de cada variedad.

-¿Cuál es el objetivo final? ¿Que se vuelvan a producir estos tomates ricos?

-El objetivo inicial era recuperar los materiales antiguos (criollos) de tomate y consideramos que se está cumpliendo, porque hay más de 500 cultivadores que están produciendo, evaluando y “disfrutando” el sabor de esos tomates, al tiempo que se está garantizando la multiplicación de los materiales originales. Pero con el avance del proyecto se generaron otros objetivos, como una metodología (nueva para nosotros) de realizar mejoramiento en forma participativa. La mayoría de las evaluaciones se han hecho en condiciones de bajos insumos, agroecológicas u orgánicas donde algunos materiales se han destacado cualitativamente y con ellos estamos realizando cruzamientos con materiales actuales, de este modo pensamos que a futuro vamos a obtener materiales con sabor, alta producción y vida postcosecha, producidos agroecológicamente.

-Suena muy bien…

-Los sistemas productivos actuales crean dependencia de los productores hacia las tecnologías, que se vuelven inaccesibles o muy costosas para productores de la agricultura familiar. Este proyecto ofrece una alternativa a esas tecnologías viendo al productor como su propio proveedor de semillas y dándole cierta independencia no solo económica sino también cultural.

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