Por qué es fundamental el buen humor en la pareja y cómo promoverlo

Los sentimientos tiñen cada una de las acciones que dirigen nuestra vida. La existencia personal debería verse enriquecida a medida que atravesamos las distintas etapas vitales, y así aprender de ellas, aunque éstas hayan sido traumáticas.

El humor es un sentimiento placentero que proviene de lo mejor de nosotros. Hasta reírnos de nosotros mismos supone no tomarnos tan a la tremenda y ser piadosos con nuestras acciones.

Lo que no ayuda es la devaluación constante de las propias capacidades, la extrema exigencia, la culpa y el replanteo por lo que no sale como lo planeamos. Por lo tanto, el humor es ante todo un refuerzo positivo para el yo personal.

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Justamente, este sentimiento es muy valorado a nivel social y se constituye en un foco de atracción para la conquista amorosa. El humor suele ir acompañado de extraversión, lo cual refuerza las ganas de estar juntos.

Existen personalidades que tienen más facilidad para este sentimiento agradable, son más abiertas y optimistas. Por lo general, este tipo de personalidades se gestan en redes familiares donde el humor y la comunicación son parte importante de la interacción, aún bajo situaciones críticas.  En cambio, existen otras personalidades que viven bajo tensión constante, perciben problemas que, si existen, sobredimensionan. Viven el ocio como un tiempo que debe ser organizado para sentir que cumplen con algún orden y no aceptan que los demás se relajen.

mi pareja no me excita

Estos sujetos son introvertidos o están ensimismados en sus dilemas mentales. Entre el extremo de la racionalidad por un lado, y la afectividad/sensibilidad por otro, existen muchos grises que dependerán de cómo las experiencias de la vida impactan en las personas.

También suele suceder que el optimismo no sea una característica de base, aparece luego de haber atravesado situaciones traumáticas por las cuales la mirada sobre la vida y la muerte cambia totalmente. Esta capacidad de salir fortalecido pos crisis se denomina Resiliencia.

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Las parejas se fortalecen cuando la capacidad para disfrutar está presente. El entusiasmo potencia la imaginación y la voluntad que mueve toda acción.

Las personas optimistas están más motivadas y extienden su entusiasmo a sus parejas. Los rasgos de extraversión complementan la apertura hacia el propio cuerpo y el cuerpo del otro. El pudor desaparece en pos de una conexión íntima más sentida

Justamente, el pudor y las preocupaciones por cumplir y ser buenos amantes conspiran en contra del placer.

Las personas extravertidas viven la sexualidad con plenitud y la trasmiten a sus parejas. Se animan a probar variantes sexuales, lo cual ayuda a evitar la monotonía.

Pero no todo es “color de rosa”, puede suceder (y con mucha frecuencia), que uno de los miembros de la pareja goza de esa capacidad y el otro no. Esa desigualdad puede crear conflictos, ya que la mirada sobre los hechos potencia las diferencias. Respetar las formas individuales sin que se altere la esencia del vínculo debería ser una regla de acuerdo: ambos pueden aprender de la opinión ajena.

Sin embargo, se complica cuando uno, con su forma, es displicente o desaprueba al otro: “vos te tomás las cosas a la ligera”, vos te la pasas quejándote todo el día”. Ese panorama de conflicto puede llevar a que la persona censure su alegría y solo la muestre con los hijos o fuera del contexto familiar.

Potenciar el humor debería ser una premisa en toda pareja. Algunos consejos:

  • Tener en cuenta que cada uno puede tener una manera de reaccionar diferente frente a las cosas, y no subestimar ni desaprobar al otro. Se puede aprender de la diferencia.
  • Desaprobar los sentimientos ajenos potencia el conflicto.
  • Explicar por qué se tienen diferentes percepciones y emociones frente a un mismo hecho. Hay que desdramatizar.
  • El humor es un sentimiento que todos poseemos: hay que aprender a darle libertad.

Sobredimensionar los problemas, enojarse por cada cosa que sucede, quejarse constantemente o dejar de lado el disfrute por la exigencia, conspira contra el optimismo.

Creer que somos imprescindibles y no poner límites a las responsabilidades, querer tener todo controlado y proyectar en la pareja las impotencias personales, conspira contra el buen humor.

De nuevo: las parejas se fortalecen cuando la capacidad para disfrutar, el humor y el optimismo están presentes.

  • Por Walter Ghedin. médico psiquiatra y sexólogo.

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