Veinte engaños que mancharon la historia del pop

32

Todo el mundo sabe que Milli Vanilli fue un fraude. ¿O hay alguien por ahí que no conoce la historia? Eran dos atléticos chicos mulatos que ni sabían cantar ni mucho menos componer. Eso sí, bailaban muy bien. Suficiente para un avispado productor alemán, que contrató a unos músicos y un cantante, grabó un disco, y luego les dijo a los dos bailarines que se limitasen a mover los labios en las actuaciones. Y a bailar, claro. Un Grammy, millones de ejemplares vendidos y actuaciones (en playback) en todo el mundo.

Todo se descubrió cuando el cantante verdadero que grabó el álbum, Charles Shaw, dijo la verdad. Al dúo de bailarines les quitaron el Grammy y su carrera se acabó.

Este es uno de los grandes timos del pop, un mundillo con mucho pillastre presto para dar gato por liebre. El caso de Milli Vanilli lo tratamos en nuestra anterior entrega de los timos del pop. Estos son otros 20 nuevos casos…

Sex Pistols: el engaño del millón de libras (e instrumentos desenchufados)

Pionero del punk británico, el grupo Sex Pistols encarnó, con total desfachatez, “el gran engaño del rock and roll”, y hasta llegó a titular así una película inspirada en sus desmanes. Para reírse de la industria discográfica, y, de paso, salir de pobre, el mánager Malcom McLaren logró que los Sex Pistols ingresaran un millón de libras sin apenas grabar nada: en 1976, envió al grupo al programa de televisión «Today» con la misión de soltar un montón de malas palabras. Así, la discográfica los expulsó y cobraron la abultada indemnización, amén de hacerse famosos.

También desde el prisma estrictamente musical fueron los Sex Pistols una estafa: aunque iban sobrados de actitud, apenas sabían tocar sus instrumentos. Es más, según McLaren, el afamado Sid Vicious “tocaba tan mal el bajo que en los conciertos teníamos que desconectar su amplificador y poner a un músico detrás de los altavoces para que tocara su parte”.

Live Aid: ¿qué fue de los 70 millones que recaudó?

En 1985, Etiopía pasaba por una de las peores crisis de su historia. Para luchar contra el hambre en este país, el cantante Bob Geldof organizó unos conciertos benéficos, llamados Live Aid, con las mayores estrellas de rock del mundo. Se celebraron simultáneamente en Londres y Filadelfia el 13 de julio de 1985. En los conciertos participaron, entre otros, Led Zeppelin, Queen, Wham!U2, Paul McCartney, David Bowie, Dire Straits, Bob Dylan, Madonna, Sting, Santana y Eric Clapton. Se recaudaron más de 70 millones de euros, en uno de los mayores hitos del humanitarismo rockero.

Pero, en 2010, la BBC reveló en un impactante programa que el 95 % del dinero recaudado en el Live Aid fue a parar a los fondos de la guerrilla etíope. Según el testimonio de dos mandos del Woyane, Frente de Liberación Popular de Tigrayan, esta organización invirtió el dinero del Live Aid en armas. Los guerrilleros se disfrazaron de mercaderes árabes y vendieron sacos de arena a las ONGs occidentales, que creyeron comprar granos. Posteriormente, la BBC tuvo que pedir disculpas por algunos datos del reportaje. Sin embargo, el autor del reportaje, Martin Plaut, mantiene que es todo cierto, pero que por falta de pruebas documentales la BBC optó por pedir disculpas.

Fyre Festival: la estafa del lujo de la era Instagram

De entrada, sonaba bien: un festival para VIPs en una isla privada de las Bahamas, al que asistirían modelos, famosos y millonarios, y donde actuarían grupos como Blink 182, Ja Rule, Mayor Lazer o Disclosure. Todos anunciaron en sus cuentas de Instagram que acudirían al Fyre. Las entradas, con precios que oscilaban entre los 900 y los 45.000 euros, incluían sesiones de yoga, deportes acuáticos, paseos en yate, chefs con estrellas Michelin y alojamientos de lujo. Pero cuando los asistentes llegaron al festival, no encontraron más que una desangelada isla desierta, un puñado de sándwiches de queso y unas pocas tiendas de campaña agujereadas: los invitados que no tenían tienda tuvieron que dormir a la intemperie, en colchones empapados por la lluvia. La cosa acabó con el promotor del festival, Billy McFarland, condenado a seis años de cárcel por fraude.

Ahora, Netflix y Hulu han lanzado sendos documentales sobre Fyre, que, mediante pesquisas y entrevistas, compiten para desvelar el misterio de este gran engaño.

Deep Purple: suplantados por unos impostores

Todo empezó en 1980, cuando la empresa Advent Talent Associates (especialista en reunir a viejas glorias musicales), trató en vano de juntar a Deep Purple, grandes del rock duro que llevaban casi un lustro separados. Como el único exmiembro que estaba por la labor era Rod Evans, cantante de la banda en los tres primeros discos (cuando apenas tuvieron éxito), la empresa lo juntó con varios músicos mercenarios y lo embarcó en una gira bajo el nombre de Deep Purple. Cuando el público llegaba al concierto y veían en el escenario a aquellos desconocidos que ni siquiera tocaban bien, los fans montaban en cólera y pedían el libro de quejas.

Finalmente, los verdaderos Deep Purple denunciaron a Advent Talent Associates y a Rod Evans por fraude. Este último fue condenado a pagar una multa de 670.000 dólares, pero, como no tenía dinero, cedió sus futuros derechos de autor de los tres primeros discos de Deep Purple a los demandantes. Después, muy escarmentado, desapareció de la escena musical.

Black Box: el ‘pack’ completo, plagio y ‘playback’

Verdadero himno del italo dance y éxito discotequero atemporal, «Ride on time«, de Black Box, alcanzó el número uno en medio mundo en 1990. Pero el secreto del éxito de la canción residía en «Love sensation», viejo tema de una casi olvidada cantante de música disco, Loleatta Holloway, que tuvo cierto éxito una década atrás.

Black Box, es decir, los productores italianos Limoni, Davoli y Semplici, recortaron fragmentos del tema de Holloway y lo pegaron en su canción «Ride on Time». Para hacer el playback llamaron a la exótica modelo Katrin Quinol, que bailaba muy bien… pero no cantaba ni una sílaba. Por no avisar, los productores ni siquiera avisaron a Holloway, que al enterarse puso el grito en el cielo, denunció el plagio y no paró hasta cobrar la consiguiente indemnización y ser incluida en los créditos del disco de Black Box.

Bruce Springsteen: la plataforma Ticketmaster y las extrañas entradas

Año 2016. Bruce Springsteen anuncia varios conciertos en España, uno de ellos en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Las entradas para el evento salieron a la venta en la página web de Ticketmaster. En dos horas estaban agotadas. Poco después, cientos de pases para ese mismo concierto se despachaban en la plataforma de reventa Seatwave.es, a un precio muy superior: en algunos casos, las entradas pasaban de los 95 euros a los 180.

Cientos de usuarios denunciaron el caso, y la Federación de Consumidores en Acción pidió a la Comunidad de Madrid que abriera una investigación. Además, Doctor Music, promotora del concierto de Springsteen, demandó a Ticketmaster por perpetrar un “engaño orquestado que podría ser constitutivo de un presunto delito de estafa”, pues las dos webs implicadas se repartían las abusivas comisiones. En varias ocasiones Springsteen declaró estar “furioso” con esta plataforma, y los seguidores se quejan de sus métodos para vender y revender sus entradas en todo el mundo.

Lime: el dúo pop que contrató a otra pareja para hacer los directos

Denis y Denyse LePage. Así se llamaba el matrimonio canadiense que formó el dúo de pop Lime. Su primer disco, Your love (1981), tuvo un éxito razonable. Pero el gran pelotazo llegó al año siguiente con «Babe, we’re gonna love tonight», un rompepistas que disparó las contrataciones de Lime. Abrumado por los compromisos, el matrimonio LePage contrató a una pareja de cantantes, Chris Marsh y Joy Morris, para que actuaran mientras ellos hacían vida de hogar.

La farsa duró dos años, y dio lugar a todo tipo de especulaciones sobre el dúo: se llegaron a decir disparates como que Denyse y Denis eran un solo cantante capaz de hacer voces masculinas y femeninas.

Unos años más tarde, se descubrió el engaño: los LePage se divorciaron y el grupo languideció, pese a que Denis trató de resucitarlo contratando varias cantantes para sustituir a su mujer.

Beyoncé: cantando en ‘playback’ el himno nacional

No es raro que un artista se olvide de la letra del himno nacional cuando lo entona en una gala. Le pasó, por ejemplo, a Shakira en el año 2012 cuando asumió la responsabilidad de cantar el himno de Colombia en la VI Cumbre de las Américas. Quizá por eso, la estrella del pop Beyoncé quiso jugar sobre seguro y preparó un playback para afrontar el reto de cantar el himno estadounidense en la Ceremonia Inaugural del presidente Obama en 2013, acompañada por la Banda de Marines.

Y fue precisamente el marine Kristin Dubois el primero en quejarse de que “era la voz de Beyoncé, pero una versión grabada”. Los medios le echaron en cara a la diva su poca profesionalidad, con el agravante de no saberse el himno de su propio país. Ella se justificó alegando: “Soy una perfeccionista, no tuve tiempo de ensayar. Era un espectáculo en directo y, debido al retraso, a la falta de una prueba de sonido adecuada, no me encontraba cómoda cantando en directo”. Prometió, eso sí, que no lo volverá a hacer.

Mamoru Samuragochi: el Beethoven japonés ni era sordo ni era músico

El compositor Mamoru Samuragochi se hizo célebre por crear exitosas sinfonías clásicas, amén de bandas sonoras para videojuegos, como Resident evil. Recibió el calificativo de “el Beethoven japonés” porque decía ser completamente sordo.

Pero en el año 2014 salió a la luz la cruda verdad, que conmocionó a la sociedad japonesa: el verdadero autor de las susodichas sinfonías era un tal Takashi Niigaki, profesor de una prestigiosa escuela de música que durante 17 años trabajó como negro de Samuragochi, componiendo más de 20 piezas a cambio de un millón de yens (unos 56.000 euros). Además, se supo que Samuragochi oía perfectamente y solo fingió su sordera para ser comparado con Beethoven.

La farsa tardó en descubrirse porque, aunque Niigaki intentó destaparla, el falso Beethoven amenazaba con suicidarse. Pero llegó un momento en que Niigaki no pudo más y lo contó todo: según dijo, “no soportaba seguir engañando a la gente”. Como consecuencia, sus conciertos fueron cancelados y sus discos retirados de las tiendas.

New Order: copiaron cuatro canciones ajenas para hacer su gran éxito, «Blue Monday»

Sin duda, «Blue Monday» (1983) es el gran éxito de la banda británica New Order y uno de los temas bailables más emblemáticos de los años ochenta. Pero, como los críticos más avispados descubrieron desde la primera escucha, el ritmo de la canción se parece demasiado a «I feel love» (1977), un tema interpretado por Donna Summer y producido por Giorgio Moroder que se adelantó a su tiempo por un innovador uso de los secuenciadores. Además, la canción también fusila un arreglo del tema «Dirty talk», de Klein & MBO, y luce una melodía que recuerda bastante a la de «You Make Me Feel (mighty real)» (1979), himno disco interpretado por el artista de culto gay Sylvester. Para colmo, «Blue monday» también incorpora fragmentos del tema «Uranium», del grupo alemán Kraftwerk.

En cualquier caso, la sangre no llegó al río ni el plagio a los tribunales, si bien el cantante de New Order, Bernard Sumner, reconoció claramente las fuentes de su “inspiración” en el libro «Manchester, England: the story of the pop cult city», publicado en 1999. Más vale tarde que nunca.

Los organizadores de un festival barcelonés que no pagaron a los artistas, estos no actuaron y el público organizó una batalla campal

En la primavera de 2015, se anunció a bombo y platillo un festival veraniego de cuatro días en Illa Fantasía, un parque acuático con decenas de toboganes y piscinas situado en Vilassar de Dalt, a un paso de Barcelona. Se llamó «I Am Global» y entre los artistas convocados había grandes nombres del rap, el reggae y el R&B, como French Montana, Coyu, Fatman Scoop o Sak Noel.

Pero llegó el día del concierto… y no hubo concierto. Durante la primera jornada de festival, solo salieron a pinchar un par de DJs desconocidos. Mientras tanto, bajo un sol de justicia, se calentaban los ánimos de cientos de asistentes, en su mayoría turistas de barrios ingleses que habían comprado paquetes vacacionales.

Los organizadores, los británicos Courtney Richards, Louise Earle y George Boadi, no pagaron lo prometido a los artistas, éstos se fueron sin actuar y el festival se canceló con el parque lleno de un público impaciente y cada vez más irritado. La cosa acabó en batalla campal entre los asistentes y el servicio de seguridad del parque, hasta que llegó la policía y disolvió la trifulca a porrazos.

Radiohead: resulta que su «Creep» es un plagio

Lanzado en 1992, «Creep», de Radiohead, definió su sonido y su identidad como uno de los grupos más prometedores del rock alternativo del momento. Sin embargo, Thom Yorke y demás integrantes de la banda acabaron aborreciendo la canción y eliminándola de su repertorio.

Por un lado, les sonaba demasiado “comercial” para encajar en sus pretensiones de convertirse en una banda de art rock. Por otro, recibieron una demanda interpuesta por el añejo grupo The Hollies, que consideraban que «Creep» se parecía sobremanera a su canción The air that I breathe, incluida en su álbum de 1972. Los compositores de este tema, Albert Hammond y Mike Hazlewood, ganaron la batalla legal, y Radiohead tuvieron que incluirlos en los créditos como coautores de «Creep».

Triana: de gira sin ninguno de los miembros originales

En verano de 1974, Juan José Palacios Tele, Jesús de la Rosa y Eduardo Rodríguez Rodway fundaron el grupo Triana, que revolucionó la historia del pop español fundiendo rock progresivo con ritmos flamencos. Las muertes de Jesús de la Rosa y de Tele provocaron que el único sobreviviente, Eduardo Rodríguez Rodway, tomara la decisión de disolver el grupo.

Sin embargo, la viuda de Tele, que heredó la propiedad del nombre de la banda, tenía otros planes. Contrató a unos músicos de sesión y los puso a tocar como Triana, desatando las iras de los fans del grupo y del propio Rodway, que amenaza con denunciar a los presuntos impostores. Rodway emitió un comunicado en el que tildó a los “falsos Triana” de “mercaderes del todo vale”, y a sus conciertos de “estafa de músicos mercenarios, cantante caricato, maletas de viudas y representante mercachifle que manchan, utilizan y equivocan el buen nombre del grupo”. Por su parte, Daniel Martínez, mánager de los “falsos Triana”, asegura: “Llevamos 20 años y cada vez tenemos más éxito. Tenemos los papeles en regla y somos Triana legítimamente. Rodway solo tiene ira y rencor y si le pusiéramos dinero delante se callaría”.

Ashlee Simpson: olvida mover los labios en plena actuación

En 2004, la actriz texana Ashlee Simpson, hermana morena y alternativa de Jessica, se esforzaba en iniciar su carrera como cantante. Tras firmar con el sello discográfico Geffen, publicó Autobiography, su primer álbum, y lo promocionó actuando en programas televisivos de máxima audiencia.

En el mítico programa «Saturday Night Live«, Ashlee salió al escenario muy ufana, pero cuando empezó a sonar su voz, olvidó mover los labios para fingir que cantaba, quedando claro que estaba actuando en playback. Ella intentó disimular forzando un estrambótico baile, pero, a juzgar por su expresión, rezaba para que se la tragara la tierra.

Tras la actuación, la cantante acabó de meter la pata echando la culpa de su error a los músicos: “Me siento fatalPero es que mi grupo tocó la canción equivocada”.

El grupo fantasma que engañó a los promotores de conciertos

Jered Eames era un chico de un pueblo de Missouri que, desde muy joven, formó parte de grupos menores de black metal. Aunque siempre tuvo cierto talento para vender humo, nadie imaginaba que iba a perpetrar una de las mayores estafas de la era 2.0 con su grupo Threathin, del que era el único miembro. A base de comprar miles de seguidores en redes sociales y hacer vídeos falsos de conciertos abarrotados, Jered consiguió que Threathin pareciera lo que no era: una exitosa y poderosa banda heavy. Contrató a músicos de sesión y engañó a promotores musicales y dueños de salas europeas para que lo contrataran en una extensa gira en noviembre de 2018, aduciendo que había cientos de entradas vendidas. Como todo era mentira, los conciertos estuvieron vacíos. En la prestigiosa sala londinense Candem Underworld solo aparecieron tres despistados y al recital en el Exchange de Bristol no asistió nadie.

Ahora que lo han desenmascarado, Jered quiere rentabilizar su fracaso, se vende como un genio del marketing y pretende hacernos creer que todo estaba previsto: “Transformé salas vacías en titulares internacionales”.

Lady Gaga: 400 estafados con entradas falsas para su concierto

«¡Sinvergüenzas, nos hemos gastado 200 euros! ¡Meses soñando con este momento para nada!». Exclamaciones como estas se repitieron en la entrada del Palacio de los Deportes de Madrid el 12 de diciembre de 2010. Tras peregrinar desde varios puntos de España y hacer cola a la intemperie durante varios días para conseguir lugar, 400 fans de Gaga se quedaron sin ver a la estrella porque las entradas eran falsas. Al ver que no los dejaban pasar al concierto, las víctimas de la estafa montaron en cólera y provocaron avalanchas que obligaron a intervenir a la policía.

El fraude fue perpetrado por unos falsificadores que copiaron el número de serie y el papel de las entradas originales y lograron vender cientos de entradas falsas a través de internet. Al final, la organización se lavó las manos, puesto que las entradas fueron adquiridas fuera de los canales oficiales de venta.

David Guetta: pinchando con el equipo apagado

Considerado uno de los mejores DJs del mundo, David Guetta ha vendido unos 45 millones de discos. Pero varias cámaras traicioneras han desmontado su leyenda, captando cómo en muchos espectáculos pincha con el equipo apagado, aunque, eso sí, suda la camiseta saltando, bailando y fingiendo que manipula la mesa de mezclas.

Pero tarde o temprano la verdad sale a flote. En 2014, Guetta se vio obligado a detener durante veinte minutos un concierto en Recife, Brasil, porque la conexión de su pendrive falló y se quedó sin música. El público lo abucheó sonoramente, hasta que el DJ consiguió un nuevo pendrive y continuó con su actuación como si nada. Guetta opera así: viaja con la música ya seleccionada en un pen drive y luego lo enchufa en el lugar del concierto. Y listo.

Asimismo, el también DJ francés Joachim Garraud ha reconocido públicamente que fue produjo sus primeros éxitos masivos por encargo.

Pussy Riot: actuando en dos lugares a la vez

19 de agosto de 2018. Pussy Riot, el colectivo punk ruso que se hizo célebre gracias a su defensa del feminismo y de los derechos de LGTB frente a Vladímir Putin, actúa por primera vez en Colombia. Es en el marco del festival Rock Al Parque, celebrado en Bogotá. Hasta aquí todo correcto. El problema es que ese mismo día, a esa misma hora, Pussy Riot también estaban actuando en Edimburgo, Escocia.

El escándalo estalló a través del Facebook de Pussy Riot, al que subieron imágenes de ambos conciertos, quedando claro que el grupo se había multiplicado misteriosamente. Rápidamente, el muro de Facebook se llenó de insultos de público indignado, que calificó de “estafa”, “fachada” y “porquería” lo sucedido.

El grupo organizó este fraude aprovechando que sus integrantes usan pasamontañas para los espectáculos y, por ello, no se puede demostrar si las que actúan son las genuinas componentes de la banda.

El apadrinado de Jay-Z que guardaba todo el dinero en casa para no pagar impuestos

Posesión de drogas, conducción temeraria, impago de la manutención de sus hijos… El rapero neoyorquino Earl Simmons, más conocido como DMX, siempre ha tenido problemas con la justicia. Y ello forma parte de su leyenda, de su forma de rapear y de sus truculentas rimas. No en vano, cuando Jay-Z, en 2016, fichó a DMX para su sello discográfico, tuvo que gastarse un millón de dólares en rehabilitación para que dejara las drogas.

Un año después, declararon a DMX culpable por evadir 1,7 millones de dólares en impuestos. Según el juez, el rapero no tenía cuenta bancaria y guardaba todo su dinero en casa para no pagar impuestos. La pena ascendió a un año de cárcel y una multa de 2,3 millones de dólares.