Un servicio que se impone: los «paseadores» de personas

Un servicio que se impone: los «paseadores» de personas

No es un “personal trainer” ni tampoco un acompañante terapéutico. Mucho menos está en una cultura que permite, como pasa en algunos países asiáticos, “alquilar” amigos o padres, según la necesidad de la ocasión. Nada de eso. Esto ocurre en California y del mismo modo en que hay perros que no verían la calle si no fuera por los paseadores que los llevan a las plazas a que muevan el cuerpo, también hay personas que pagan para que alguien los pase a buscar y los saque a pasear.

Sin correa, claro. Y la idea que cada vez es más popular tiene nombre y apellido: Chuck McCarthy, quien hace tres años confeccionó una camiseta, creó una página de Facebook y pegó afiches callejeros anunciando su servicio llamado “The People Walker” (“El paseador de personas”).

Para muchos tenía aspecto de delirio sin embargo el éxito fue abrazando la idea de McCarthy, quien creció tanto con su trabajo que ahora lanzó una app móvil para vender su servicio, que ya cuenta con 200 proveedores. O sea, 200 personas que cobran por sacar a caminar a extraños.

La aplicación no tiene grandes misterios ni demasiadas diferencias con otros servicios como, por ejemplo, Uber. Hay que crear un perfil, permitir la utilización de tu ubicación geográfica y pedir para un día y horario específico la caminata. Enseguida aparece un listado de personas que cobran entre 7 y 21 dólares la media hora (McCarthy no decide el monto, sí se encarga de marcar este rango de tarifas).

Y en las ofertas, los proveedores agregan una suerte de “subservicio”, porque muchos se muestran como actores de comedia (por si la compañía la pide alguno que anda medio tristón), otros como profesores de yoga (así la caminata puede cerrarse con algunos ejercicios para liberar el estrés) o entrenadores (complementar lo aeróbico con algún otro trabajo físico). Incluso están los que se ofrecen como bilingües por si el que requiere el servicio, además del inglés, gusta hablar en otro tipo de idioma. En todos los casos, los proveedores deben someterse a un chequeo de antecedentes penales para poder brindar su compañía.

Los Ángeles es el epicentro de este servicio y según analistas esto tiene que ver con la necesidad de las personas que la habitan y el tipo de urbanización que tiene: sus barrios están dispersos, el tránsito es sumamente intenso y la mayoría de la gente trabaja desde su casa o tiene horarios muy irregulares. De hecho, en el condado de Los Ángeles, el 24% de las viviendas, que representa un número de unas 785.000 casas, están habitadas por una sola persona, de acuerdo a los datos brindados por el último censo. “Mis amigos están ocupados, tienen sus vidas y es difícil coordinar para vernos”, reflexiona Bob Nankin, un usuario del servicio que lleva dos años y medio “paseando” con McCarthy.