Sobreexigencia: “Estamos enfermando a nuestros niños”

Sobreexigencia: “Estamos enfermando a nuestros niños”

El psicólogo Alejandro Schujman afirma que crece el número de chicos y chicas que expresan trastornos propios de la adultez como consecuencia del exceso de obligaciones.

«Tengo que ocuparme del colegio 8 horas por día, tengo que tener buenas notas porque si no en mi casa se enojan, tengo que cumplir con los entrenamientos de hockey porque si no el entrenador me reta, tengo que mantener mi pieza ordenada porque en mi casa son todos muy ordenados, tengo que preparar el examen internacional que rindo a fin de año, tengo que ir una vez por semana a que me revisen los brackets, tengo que…”

Y siguió la lista, varios «tengo que» más.

Quien enuncia y denuncia levanta su mano entre medio de un auditorio colmado. La pregunta, en el marco de una charla sobre vínculos era, ”¿quién siente que tiene su vida manejada por el estrés?». Entre 300 personas, muchas manos levantadas, pero me llamó la atención la dueña de esa pequeña manito que pide la palabra y dice.

Mientras hablaba, yo iba contando con los dedos, enumeró 14 obligaciones con una verborragia que daba cuenta de su estado de preocupación y angustia. Le pregunto su edad, 11 años, cargaba más “tengo” que velas sopladas.

Miro a la madre, quien estaba a su lado, se sonroja y agacha la mirada como dándose cuenta de que hay algo que estaban haciendo mal.

Alerta roja a los adultos, hay algo que estamos haciendo francamente mal: muchos de nuestros chicos tienen estrés y somos responsables  por lo que a ellos les suceda.

En los últimos años ha crecido las consultas de padres que, preocupados, refieren en sus niños sintomatología que debiera ser propia del mundo adulto y no de temprano inicio: trastornos del sueño, insulinorresistencia, bruxismo (rechinar de los dientes), trastornos de ansiedad, hipertensión arterial, cuadros de pánico, migrañas, gastritis, colon irritable y puedo seguir extensamente con esta lista.

Terrible, disparatado pero sucede.

¿Qué estamos haciendo mal? Estamos cargando sobre la niñez mandatos, presiones y exigencias que nuestros chicos no pueden soportar.

Si un niño o una niña se despierta a las 6.30 despertando, termina en la doble jornada el colegio a las 16 y le resta todavía algún actividad extra curricular hasta las 19, llega a su casa alrededor de media hora después. Tiempo de bañarse, cenar y no mucho más para el volver a empezar. ¿Es mucho no ?

Recordemos, todo aquello que no podemos decir, elaborar, gestionar desde las emociones es hablado por el cuerpo. El cuerpo dice lo que nosotros callamos. Y nuestros niños están silenciando y haciendo síntomas. Y somos responsables por ello.

No estamos dejando los padres que los niños sean niños, no estamos permitiendo, que además de las obligaciones -que lógicamente deben tener- exista como patrón el criterio de divertirse y hacer una transición gradual y saludable hacia el mundo adulto.

Debemos forjarlos para que construyan las categorías de responsabilidad, umbral de frustración, capacidad de decisión. Y no estamos pudiendo lograrlo.

Van más rápido de lo que debieran en cuestiones en las que tendrían que ir lento y van pausados en otras en las que debieran apresurarse.

Después del colegio, muchos niños y niñas tienen actividades extraescolares.

Después del colegio, muchos niños y niñas tienen actividades extraescolares.

No hay lugar para el jugar y, entre otras cosas, esta sobrecarga de exigencias por parte del mundo adulto en los primeros años de vida, desemboca en «muletas y anestesias» que años más tarde los adolescentes «eligen» para evitar este tipo de situaciones. Hablo de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, hablo de sexualidad precoz, hablo de la tecnología que se transforma en un salvavidas.

Para ser claros, un chico sobreexigido, que se siente bajo presión de la mirada de sus padres, lejos de conectarse con lo placentero del crecer, buscará refugio cuando crezca un poco más en donde pueda paraeludir este malestar que no puede procesar de ninguna forma.

Si entendemos el estrés como la desproporción entre demandas existentes y los recursos que disponemos para enfrentarlas, esta chiquita que levanto su mano y habló estaba efectivamente estresada.

Si disponemos de nuestros dos brazos para cargar una bolsa de peso acorde a nuestra fuerza en cada uno iremos cómodos por el camino que nos toque recorrer.

Si sumamos una bolsa más en cada mano ya la situación se complica, si son 4 mucho más, y si nos agregan peso en hombros y cabeza el viaje se volverá insoportable.

Eso es el estrés: la abundancia de exigencias del mundo externo y pocos recursos internos para afrontarlas.

“Me hirve la cabeza” decía un personaje de aquella maestra “Jacinta Pichimahuida”. Y así están muchos de nuestros chicos, cabeza hirviendo, y padres convencidos que de esta forma los preparan para enfrentar las dificultades del vivir.

Entonces, sus cuerpitos que enferman y el pack de muletas a disposición años después como anestesia a las dificultades del crecer. No está bueno, claro que no. Alerta rojo, estamos enfermando a nuestros niños.

Los adolescentes pueden recurrir a alcohol o drogas como vías de escape a las presiones.

Los adolescentes pueden recurrir a alcohol o drogas como vías de escape a las presiones.

Que los niños simplemente sean niños

 «Yo voy a rendir exámenes y tengo los ojos de mi mamá en la nuca, así no puedo, me olvido de todo lo que estudio, ya no puedo más».

Y llora, con congoja, con bronca , con impotencia. Tiene solo 13 años y pide ayuda. Como todos los niños, de una u otra forma, da señales.

Una madre amorosa, un padre muy ocupado con lo laboral, amoroso también, pero no alcanza. El convencimiento de que lo más importante es que sea buen alumno. El boletín de calificaciones como tema de todas las cenas, tapa del periódico familiar en todas sus ediciones.

Y este pequeño sencillamente, no puede más. Digo, enuncio, afirmo y quiero ser contundente en esto: para poder crecer, primero hay que ser niño.

Y nuestros niños precisan:

✔️Tener tiempo de jugar, sin responsabilidades que no puedan manejar, sin pendientes. Las responsabilidades se irán incorporando gradualmente a medida que crezcan. Quiero ser claro en esto, no se trata de liberarlos de responsabilidades, sino de graduarlas para que su administración sea posible.

✔️Quitarle peso a la situación de examen. Que estos sean solo un momento en el que cuentan a sus profesores de forma oral o escrita lo que aprendieron para así ser evaluados. Ni más ni menos. No es un momento de vida o muerte. Poder modificar la cultura de las evaluaciones es un tema pendiente a plantear en el ámbito de la educación y la crianza. La mayoría de los chicos y jóvenes sufren mucho más de la cuenta en estas instancias.

✔️Dormir la cantidad de horas necesarias. Esto parece obvio pero cada vez escucho más desarreglos del sueño de los niños consecuencia del descontrol en la puesta de límites. Trasnochadas con monitores encendidos, adolescentes que estudian de noche y duermen en bloques de 3 o 4 horas antes y después del colegio .

Disparates de la post modernidad , y una vez más esta posición resignada de los adultos que dicen: «¿Y qué puedo hacer?» Como si la crianza de nuestros hijos no fuera responsabilidad absoluta de los padres.

✔️Poner su cuerpo saludablemente en movimiento. La actividad deportiva debe estar presente en la primera y segunda infancia de manera recreativa y no en el plano súper competitivo. Permite descargar tensiones y funciona como prevención del consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. 

En ese sentido, los hijos no nos oyen todo el tiempo pero no dejan de mirarnos. Hagamos actividad con ellos cuando son pequeños: bicicleta, caminatas, jugar a la pelota en las plazas, armar una canchita de vóley en la terraza si se puede, eduquemos desde el ejemplo y no sólo desde la palabra.

✔️Tener la tranquilidad que pueden equivocarse. El miedo al fracaso y a decepcionar a los padres es uno de los factores más comunes de angustia en adolescentes. Eduquemos umbral de frustración, liberémoslos de la presión de tener que ser «efectivos». Que intenten, que experimenten, en lo saludable claro está. Que se equivoquen y vuelvan a empezar.

Aconsejan que la tecnología no sea el único pasatiempo de los más chicos.

Aconsejan que la tecnología no sea el único pasatiempo de los más chicos.

“Que tengas todo lo que yo no pude tener”

Esta frase es top ten en la lista de las más repetidas por padres de estas generaciones. Lamento desilusionarlos, quizás la calidad de vida para nuestros hijos no se trate de eso.

Y evitemos como dice la frase de Serrat el proceso en el que «les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones en la leche templada y con cada canción». Es muy posible que los padres no hayan tenido acceso a determinadas chances académicas, inglés particular, algún club al que hayan querido ir, entre otras cosas. Pero es un tema de los “grandes”, veamos nosotros cómo gestionamos lo que no pudo ser. No les traslademos esto a nuestros niños. No olvidemos, sobre todas las cosas, lo esencial.

Una vez más, que los niños sean niños. Que jueguen, que tengan tiempo de patear pelotas en la plaza, de correr carreras con autitos sin monitores que distraigan, de ejercitar su imaginación y el ocio creativo.

Y la trampa de los tiempos líquidos es la siguiente: “Para que esté todo el día con la tablet que vaya a estudiar o entrenar”. Y no consideramos la opción los adultos de que nuestros niños aprendan a transcurrir el tiempo de manera productiva sin que tengan una pantalla enfrente.

Y ese es el gran desafío, que tengan tiempo libre y que lo usen para ejercitar el “dale que somos piratas, marineros, princesas o dragones”. Que armen rompecabezas, que dibujen, que construyan sueños, que simplemente jueguen, así de sencillo, así de complejo.

Difícil, no imposible, y recordemos, lo que sucede con nuestros niños en absoluta responsabilidad de nosotros, los adultos. Y eso es una gran noticia, podemos entonces hacer muchas cosas que quizás no estemos haciendo.

Cuidemos a los chicos, así de sencillo, así de urgente.

FUENTE: Clarin.com