Por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 ml y no de litro

Por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 ml y no de litro

Son muchas y muy variadas las explicaciones sobre el porqué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 ml. Los hay que aluden a que cuando se introdujo el vidrio los artesanos no podían hacer una botella de un tamaño mayor soplando una sola vez, otros aluden a que es el tamaño ideal para consumir entre dos personas o que es la mejor capacidad para conservar el vino en perfectas condiciones.

Sin embargo, los enólogos de Bodegas LAN, -nombre que representa las iniciales de las provincias de la D.O.Ca. Rioja: Logroño (hoy La Rioja), Álava y Navarra- nos dan la teoría más aceptada que viene de la Europa medieval. «En aquellos tiempos, la medida básica utilizada para el comercio internacional era el galón inglés. Con esa medida como base se llegó a la conclusión de que su quinta parte, 750 ml, era el tamaño idóneo para su transporte y almacenamiento», aseguran desde Bodegas LAN.

Desde el medievo hasta hoy han surgido nuevos formatos tales como mágnum (1,5 l), jeroboam (3 l), rehoboam (4,5 l), mathusalem (6 l), salmanazar (9 l), balthazar (12 l) y merchor (18 l).

La primera, la mágnum, es la que mejor conserva el vino ya que en 1,5 litros cabe el doble de cantidad de vino que en una normal, pero su contenido en oxígeno es el mismo. «Esta circunstancia provoca una menor oxidación en su interior, lo que favorece una evolución más lenta y, de esta manera, el vino permanecerá más tiempo en condiciones óptimas para su consumo».

La crianza en botella

Tras la permanencia del vino en barricas pasa a la crianza en botella. Una vez embotellado, el vino sigue una evolución natural con importantes cambios en los que influye el ambiente reductor en el que se encuentra.

Los cambios más rápidos ocurren durante el primer año. La composición polifenólica del vino está condicionada por la calidad de la uva y por el sistema de vinificación empleado; factores fundamentales para la posterior evolución en la botella.

Para consumirlos en las mejores condiciones, los enólogos de la bodega aseguran que «los vinos deben pasar obligatoriamente algún tiempo en silencio, en semioscuridad y en reposo a una temperatura estable en la bodega, bajo la supervisión de nuestro equipo que sigue un riguroso control de calidad mediante catas y análisis hasta determinar el momento idóneo para su salida al mercado».