«Nunca se vio el cielo tan limpio como ahora»

«Nunca se vio el cielo tan limpio como ahora»

Roberto Figueroa asegura que nunca antes el cielo estuvo tan limpio. Y no se refiere a esa masa celeste intensa que vemos todos los días, sino al cielo profundo, el que va más allá de la vista humana.

Roberto es el director del Observatorio Astronómico de Neuquén y hace muchos años se dedica a estudiar el universo con potentes telescopios que tiene este espacio de investigación en pleno corazón de Parque Norte.

Hoy, en épocas de pandemia y cuarentena obligatoria, el lugar muestra una belleza especial, sin más sonidos que los que emiten los pájaros y con la única compañía de zorros, liebres, cuises y la variada fauna que tiene el lugar, ahora más visible que nunca.

Roberto está acostumbrado a ver el cielo y el universo en toda su extensión. Es una pasión que encontró desde que era un chico y miró por primera vez a través de un telescopio. Tiene mucha experiencia, pero reconoce que en estos últimos días, sin la rutina cotidiana de la humanidad, esos escenarios lejanos poblados de millones de estrellas, planetas y galaxias se ven distintos. El aire que circula en la tierra es más limpio. La ventana que da al universo se volvió transparente.

“No hay contaminación. Se nota muchísimo. No hay emisión de tantos gases de vehículos, camiones, aviones y todo lo que emite dióxido de carbono. No está presente en la atmósfera”, asegura. Sin embargo, hay otros fenómenos que también suelen ensuciar el cielo. Dice que el otro día, con la erupción de 15 volcanes en distintas partes del mundo, se generó mucha contaminación extra.

De todas maneras, asegura que el cielo neuquino, el que se puede apreciar en toda magnitud en ese sector de la barda, está más lindo que nunca.

“Es un lugar hermoso. A la mañana te despiertan los pájaros”, dice en un momento de descanso. Porque en este parate que hubo en el observatorio, Roberto lo aprovecha para realizar trabajos de mantenimiento: cambio de pisos y alfombras, pintura y todos los sectores que tienen un desgaste por la constante visita de personas durante todo el año.

Antes de la cuarentena, el observatorio era visitado por un promedio de 40 personas todas las noches. “Viene gente de todas las edades y también de todo el mundo; si ves los libros de visita, te vas a dar cuenta de la increíble cantidad de personas que llegan a Neuquén de otros países. “Vienen finlandeses, noruegos, israelíes, norteamericanos, españoles, rusos… La mayoría siempre deja mensajes en el libro de visitas”, explica.

Ahora con el aislamiento, todo ese caudal de gente se cortó. Y si bien, todos los que llegan al lugar tienen que pagar un pequeño aporte económico, no es significativo porque con eso no se mantiene el observatorio. “Yo vendo datos del cielo, participo en programas de investigación tanto de astronomía como de meteorología, así que con eso se mantiene casi en su totalidad”, asegura. En efecto, el Observatorio Astronómico de Neuquén realiza investigaciones de todo tipo que terminan publicadas en revistas especializadas de todo el mundo.

Muchas de esas investigaciones cuentan con el apoyo económico de instituciones y empresas de distintos países, y eso es lo que le permite al director de este centro poder contar con instrumentos específicos que son muy costosos.

Mientras dure el aislamiento social, Figueroa seguirá realizando tareas de mantenimiento para reabrir sus puertas cuando finalice la amenaza de la pandemia. No obstante, seguirá dedicando su tiempo durante cada noche, aprovechando que el cielo está más limpio y que el universo se ve con mucha más claridad que antes.

-> En el tiempo libre, es constructor de máquinas especiales

Además de su pasión por la astronomía, Roberto Figueroa también es un ferviente constructor de aparatos vinculados con la aviación y el espacio.

En las afueras del observatorio, se puede observar un simulador de gravedad cero que él creó a partir de planos diseñados por la agencia espacial estadounidense NASA.

“Es una máquina en la que uno se sube y se mueve sola. Tiene todos los ejes descentrados por lo que, en cada movimiento, al caerse un eje impulsa la masa y uno tiene la sensación de estar en el espacio”, explica.

Como Figueroa también es técnico en estructuras metálicas, el trabajo para realizar este tipo de aparatos es más fácil para él.

Dijo que en estos momentos está trabajando en un proyecto de su autoría para construir una máquina para experimentar la fuerza G.

“Es para ver cómo este tipo de fuerzas afectan al cuerpo. Es muy divertida”, dice entusiasmado.

Atracción

El Observatorio Astronómico de Neuquén recibe a visitantes de todo el mundo, aunque también es frecuentado por estudiantes de todos los niveles educativos de la ciudad.