McDonald’s desembarca en la Villa 31 con trabajo precario para jóvenes

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Este lunes el jefe de Gobierno porteño, junto a Woods Staton, el dueño de Arcos Dorados (la empresa que tiene la franquicia -más grande en el mundo- de McDonald’s, realizó un acto en el barrio Padre Mugica, más conocido como Villa 31, mostrando la maqueta del proyecto de instalación del local que supuestamente abrirá sus puertas en octubre.

Muy sonrientes se los veía, mientras Larreta hablaba de que esto es parte del progreso de la urbanización y de las bondades que representa tener un McDonald’s adentro del barrio y prometiendo cien puestos de trabajo para jóvenes.

Cinismo alto nivel el del PRO, que en la Ciudad de Buenos Aires viene gobernando hace doce años. Cinismo porque en más de una década no urbanizó (algo mínimo) la totalidad del barrio Mugica, ni hablemos del conjunto de las villas de la ciudad. Algo que sus habitantes vienen reclamando desde hace tiempo.

Todavía los miles y miles de trabajadoras y trabajadores que viven allí no cuentan, en muchísimas partes, con calles asfaltadas, veredas, ni hablar de gas natural y en muchos casos hay conexiones muy precarias del tendido eléctrico.

De esta situación es responsable no solo el gobierno del PRO, sino todos los gobiernos que pasaron por la jefatura de la ciudad.

Ya es conocido que los representantes del PRO tienen cara de amianto, anunciando cuestiones como maravillosas, aunque detrás se escondan la precariedad de la vida y del trabajo y con ella, la miseria salarial para los pibes.

Porque, ¿qué otra cosa puede ofrecer McDonald’s a ese centenar de jóvenes que supuestamente emplearán? Cualquier joven sabe que “caer” en ese trabajo de ninguna manera es lo mejor que te puede pasar en la vida, más bien lo contrario.

Muchos jóvenes cuentan su experiencia de primer empleo en el local de la “cajita feliz”, diciendo que entrar es fácil, lo difícil es aguantar. Claro, exigirle a un joven que, por ejemplo, en la caja atienda a centenares de clientes con un máximo de tiempo de 90 segundos, es muy complicado de cumplir y exige un ritmo frenético difícil de tolerar.

Cualquiera puede ver, con solo entrar a uno de esos locales y acercarse a la zona de las cajas, donde se ve detrás la cocina, ese ritmo de trabajo de jóvenes que hacen hamburguesas, papas fritas, que en horario pico corren por toda la cocina. luego rotan para servir gaseosas y después los que limpian los pisos, los baños.

Todo por un sueldo que nunca va a superar el salario mínimo, vital y móvil de $ 12.500 (otra burla descarada porque esa cifra con los ajustes y la inflación no tiene nada de móvil y mucho menos de vital). Ya en 2016, el gobierno de Cambiemos firmó un convenio con McDonald’s, por el cual recibía millonarios subsidios estatales a cambio de salarios miserables.

Como si esto fuera poco, a estos jóvenes no se les permite sindicalizarse. Los dirigentes sindicales, como siempre: miran para otro lado.

Todo un combo muy poco feliz para quienes necesitan trabajo para ayudar a sus familias o directamente mantenerlas como jefas o jefes de hogar.