La importancia de mantener el consumo de lácteos en la alimentación

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La intolerancia a la lactosa ocurre cuando hay baja o nula cantidad de enzima lactasa, que es la encargada de actuar en la digestión de la lactosa, el azúcar natural de la leche. Las causas pueden ser congénitas o secundarias a otras enfermedades intestinales. Según un estudio publicado por la Fundación Española del Aparato Digestivo, se considera que alrededor de dos tercios de la población mundial se ven afectados por ella.

Los síntomas incluyen malestar gastrointestinal, hinchazón y diarrea. La intolerancia a la lactosa debe ser diagnosticada por un profesional, aunque hay muchas personas que se autodiagnostican luego de tener síntomas y evitan el consumo de lácteos. Sin embargo, esta restricción podría conducir a una ingesta de calcio y vitaminas por debajo de la cantidad diaria recomendada.

Una vez obtenido el diagnóstico, el principal tratamiento consiste en reducir la exposición a la lactosa. Pese a esto, no hay que eliminar los lácteos de la alimentación, ya que son fuente de nutrientes clave como proteínas, calcio, fósforo y vitaminas. Una baja ingesta de estos nutrientes puede llevar a problemas como la osteoporosis.

Las recomendaciones nutricionales actuales sugieren consumir tres porciones por día de leche o productos lácteos equivalentes en todas las edades. Aquellos que tienen intolerancia a la lactosa, pueden optar por leches sin lactosa (0% lactosa) que permiten cubrir los requerimientos de aquellos nutrientes que provienen mayormente de los lácteos.

Contenido asesorado por: Martina I. Murmis MN 7453 – Nutricionista Corporativa de Nestlé® para NIDO®​