La emocionante anécdota de Sophia Loren con el niño actor Ibrahima Gueye

La emocionante anécdota de Sophia Loren con el niño actor Ibrahima Gueye

Un hecho histórico que puede devenir en otro hecho histórico: a los 86 años el mito Sophia Loren regresó al cine. Lo hizo dirigida por su hijo Edoardo Ponti en La vita davanti a sé, filme que estrenó hace unos días Netflix. Su actuación puede llevarla a un nuevo Oscar en 2021. Ella recibió uno en 1962 por el filme Dos mujeres y otro en 1991, honorífico.

En La vida por delante, la reina italiana encarna a una superviviente del Holocausto, que se gana la vida cobijando a hijos de prostitutas en su domicilio: por un precio estipulado, les abre su casa, mientras se enfrenta a su vejez.

“Mi hijo y yo compartimos un alma creativa que hace que nos entendamos casi con sólo mirarnos. Adoro trabajar con él”, explicó a La Vanguardia.

Historia basada en la novela de Romain Gary, la película retrata a Madame Rosa en su pequeño departamento en Bari. “El mensaje de la película es el de la tolerancia y el amor. Todos tenemos derecho a ser amados, a que nuestros sueños se hagan realidad”, agregó Loren en entrevista al diario La Repubblica.

La gran revelación del filme resultó Ibrahima Gueye (Mohamed o Momo en la historia), un niño senegalés que fue elegido entre 300 aspirantes y que convivió con la italiana mientras duró la filmación.

Ibrahima había tenido una participación en un telefilme dramático (Adouna: La vie, le monde, 2012) y en un corto llamado Muñeca Negra (2019). En la ficción interpreta al muchachito al que Loren debe proteger. A regañadientes, ella accederá a cuidarlo. Él vive en la calle y tras robarle en un mercado, todo parece desconfianza. Con el tiempo, tejerán un vínculo fuerte, tierno y solidario.

“Con Ibrahima estábamos juntos desde la mañana, veíamos la tele, charlábamos y nos íbamos conociendo”, contó emocionada Loren.

Una escena de Ibrahima y Loren.

La gran anécdota: “Nos hicimos tan amigos que, tras un ensayo especialmente duro, me contó que se sentía mal porque tenía que decirme a la cara cosas horribles, insultarme, y se iba a casa al terminar el rodaje con ganas de llorar”.

“Me pedía permiso para hacer lo que marcaba el guion. Fue muy bonito. Después de aliviarle ese peso, se quedó tan encantado que cada vez que tenía que insultarme lo pasaba de maravilla”, comentó Loren en La Vanguardia.

Por otro lado, la actriz de Una giornata particolare confesó: “Nunca ha sido fácil la convivencia entre la actriz y la persona. Mucha gente cree saber cómo te vas a comportar; espera de ti una forma de ser determinada. Pero yo soy muy tímida, como tantos actores. Me esfuerzo en no serlo, pero no siempre funciona. A veces, siento que digo cosas que deseo comunicar, otras veces no puedo”.

“En otras ocasiones, no digo lo que me gustaría decir o me siento una persona simple y quiero salir huyendo. Eso hace que parezca que estoy incómoda cuando estoy rodeada de gente. Me da rabia ser así. Me ha resultado siempre muy difícil encontrar el momento de ser yo misma en público. De ser normal”, admitió.

“Creo que nunca he sido, ni en el cine ni en la vida, una ‘mamma’ sumisa. Mis personajes han mostrado a una mujer italiana orgullosa, capaz de mantener a la familia unida. Siempre intenté ser como mi propia madre, mi ídola. Pero en aquella postguerra mundial en Italia pasaron cosas tan dolorosas que, a veces como Madame Rosa en la película, cuando se refugia en el sótano en el que se sintió segura durante la guerra, ella también necesitaba esconderse y estar sola. Como todos”.

Una curiosidad ligada al filme de Netflix: la primera adaptación de la novela, Madame Rosa, fue dirigida en 1977 por el israelí Moshe Mizrahi y ganó el Oscar a la mejor película extranjera el año siguiente.